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El dilema de explicar lo inexplicable: ¿Cómo hablar con un niño sobre el travestismo? Por Carlos Arturo Bastidas C


El dilema de explicar lo inexplicable: ¿Cómo hablar con un niño sobre el travestismo? Por Carlos Arturo Bastidas C.


Hablar con un niño sobre los grandes dilemas de la sociedad es una de las tareas más difíciles para un padre. La inocencia con la que los pequeños observan el mundo contrasta con la complejidad de una realidad que muchas veces los adultos tampoco comprendemos. Entre esos temas está el travestismo, un fenómeno que, nos guste o no, aparece cada vez con mayor presencia en los medios, en las calles y en los discursos sociales. La pregunta es inevitable: ¿qué decirle a un niño cuando se enfrenta a ello?


La primera respuesta que surge desde el corazón de un padre es la sinceridad. Si uno mismo considera que se trata de algo anormal, lo natural es expresarlo con honestidad. Sin embargo, la dificultad está en cómo traducir esa visión sin cargar de odio, sin sembrar miedo y sin anular la capacidad de los hijos de pensar por sí mismos. A fin de cuentas, los padres no solo enseñamos qué creer, también les damos las herramientas para construir criterio propio.


Decirle que “es un hombre disfrazado de mujer” puede ser una manera directa de explicarlo, pero un niño no solo busca definiciones, busca entender por qué ocurre. Allí es donde el terreno se vuelve espinoso. Algunos lo llaman enfermedad, otros lo consideran un acto de libertad, otros simplemente lo ven como un síntoma de una sociedad que confunde tolerancia con imposición de ideologías. Lo cierto es que el debate está abierto y cada familia decide en qué lugar pararse.


El verdadero dilema no es describir qué es el travestismo, sino transmitir valores. A un niño se le puede explicar con palabras sencillas: “es una persona que se viste como del otro sexo”. Hasta ahí el hecho objetivo. Pero luego viene lo trascendental: ¿cómo orientar su juicio? ¿Le decimos que está bien? ¿Le decimos que está mal? ¿Le decimos que es un error de la naturaleza o una moda social?


Aquí se enfrenta el padre con la sociedad. Mientras en casa uno quiere proteger convicciones y principios, afuera el niño encontrará un discurso distinto, uno que intenta normalizar lo que quizás desde la visión familiar se percibe como un desorden. Y esa contradicción puede sembrar confusión si no se maneja con prudencia.


Entonces, ¿qué hacer? Quizás la clave está en no huir del tema ni disfrazar la realidad. Decir la verdad desde la perspectiva de cada familia, pero acompañada de una enseñanza más profunda: que la vida está llena de ideas y comportamientos con los que podemos estar o no de acuerdo, y que el respeto no significa aprobación, sino la capacidad de no perder nuestra esencia frente a lo que no compartimos.


En definitiva, hablar con un niño sobre el travestismo no es únicamente una lección de biología o de moral, es una oportunidad para sembrar en él el valor más grande: aprender a distinguir, a cuestionar y a defender con firmeza sus principios, sin dejarse arrastrar por una sociedad que, en muchos casos, parece haber perdido el rumbo.


Quizás la sociedad cambie y siga normalizando lo que hoy se discute. Pero mientras existan padres que se atrevan a pensar, debatir y guiar, habrá niños que crezcan con la capacidad de no aceptar todo sin cuestionarlo. Ese, al final, puede ser el mayor legado.


Al fin y al cabo ya es decisión de cada familia orientar en base a su criterio, sin embargo,  al progresismo sin principios yo le digo "con mis hijos no te metas".



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