Los Amigos que Sobrevivieron al Veterinario por Carlos A. Bastidas C. Hay algo que quienes no estudian Medicina Veterinaria jamás van a entender del todo… y es que nosotros nunca dejamos de ser veterinarios. Nunca. Podemos jurar que vamos a salir “sin hablar de trabajo”. Podemos prometer que esta vez la reunión será normal, que no vamos a mencionar pacientes, cirugías, vómitos, diarreas explosivas, tumores rarísimos o tutores imposibles. Podemos intentarlo con todas nuestras fuerzas. Pero basta una cerveza, una pizza o un “¿y cómo estuvo el día?” para que todo se vaya al demonio. Y ahí estamos otra vez… “Brother, no sabes lo que me llegó hoy.” “Compadre, casi me muerde un pastor alemán.” “Loco, saqué algo del intestino que parecía una bufanda.” “Ñaño… hoy lloré con una eutanasia.” Y mientras nosotros contamos la historia como si fuera la cosa más normal del planeta, nuestros amigos no veterinarios nos miran entre fascinados, traumados y confundidos. Porque sí… ellos no estudiaron ...
“El diablo sabe más por viejo, que por diablo” por C.A.B.C. Vivimos en una época maravillosa para la Medicina Veterinaria. Nunca antes el conocimiento había estado tan al alcance de todos. Hoy un estudiante puede entrar a una clase magistral dictada desde Europa mientras desayuna en Quito. Existen maestrías online, especialidades, diplomados, congresos virtuales, inteligencia artificial, plataformas educativas y miles de artículos científicos disponibles con apenas un clic. La información corre a velocidades impresionantes y eso, sin duda, ha hecho crecer enormemente nuestra profesión. Pero en medio de esta revolución del conocimiento, hay algo que muchos están olvidando el valor de las canas. “El diablo sabe más por viejo, que por diablo”, decía mi abuelo. Y qué razón tenía. Porque la Medicina Veterinaria no solamente se aprende en libros, congresos o videos de YouTube. Se aprende también en las madrugadas eternas tratando de salvar un paciente. En los errores que jamás se olvida...