¿Por qué el médico veterinario en LATAM gana tan poco? Por Carlos A. Bastidas C. La respuesta te va a incomodar… No es mala suerte. No es el destino. Y no… tampoco es culpa de uno solo. Pero alguien tiene que decirlo, el problema somos todos… y también eres tú. Te graduaste con ilusión. Con sueños. Con ganas de salvar vidas. Y el mercado te golpeó. Sueldos bajos. Jornadas eternas. Poco reconocimiento. Entonces empiezas a preguntarte ¿Por qué? Porque el mercado está saturado… pero peor aún, mal preparado. Universidades que gradúan sin exigir. Profesionales inseguros. Médicos que no dominan lo básico. ¿Y qué hace alguien que no se siente competente? Acepta menos. Cobra menos. Se conforma. Y ahí empieza el problema. Pero aquí viene lo más duro, el veterinario también destruye al veterinario. Consultas regaladas. Precios ridículos. Competencia basada en “quién cobra menos”. Se confundió empatía con regalar el trabajo. Y eso… nos está costando caro. ¿Las universidades tienen culpa? Sí. Pero...
Hay una epidemia que no se diagnostica con ecografía, ni con rayos X, ni con laboratorio. Se llama la queja constante. Y lo más peligroso… es que muchos de nosotros ya vivimos con ella como si fuera normal. Nos levantamos y empezamos: Que hoy no hubo pacientes. Que el tutor fue grosero. Que no valoran nuestro trabajo. Que el caso no salió como queríamos. Que nuestros hijos no sacaron la nota que soñábamos. Que el tráfico. Que el cansancio. Que la vida no es como esperábamos. Y así, sin darnos cuenta, vamos llenando el día de peso, de ruido, de frustración. Pero hay una verdad que pocos quieren aceptar: No es la vida la que nos está robando la paz, somos nosotros, con nuestra forma de interpretarla. Porque sí, hay cosas que duelen. Sí, hay días difíciles. Sí, hay injusticias. Pero también es cierto que nos estamos “amargando” y con ganas por cosas que: No podemos controlar. No van a cambiar. O peor aún, sí dependen de nosotros, pero no queremos asumirlo. Y ahí es donde perdem...