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Deontología en Medicina Veterinaria: Para los que todavía no entienden lo que significa ser profesional



Deontología en Medicina Veterinaria: Para los que todavía no entienden lo que significa ser profesional


Por Carlos Arturo Bastidas Collantes


Hay algo que me sorprende cada día, colegas que llevan años en la profesión, que han pasado noches sin dormir, que han sacrificado tiempo con su familia y su salud… y aun así se comportan como si la ética fuera opcional. Sí, estoy hablando de esos que creen que insultar al compañero, subestimar su esfuerzo o burlarse de su conocimiento es “normal” en nuestra carrera. Déjenme decirlo claro, no lo es. Y si la deontología se enseñara como debe ser, muchos de estos “profesionales” todavía tendrían mucho que aprender antes de tocar un estetoscopio.


La deontología no es un capricho académico, no es un adorno bonito en el pensum. Es la brújula que nos recuerda que somos responsables, primero de nosotros mismos, luego de nuestros colegas, y sobre todo, de los pacientes que confiaron en nuestras manos. Sin deontología, los años de estudio se convierten en un simple pase de diploma. Y créanme, nadie merece llamarse profesional si no sabe respetar la profesión que estudió.


Implementar la deontología como materia obligatoria no es un lujo. Es urgente. Porque mientras algunos celebran competencias de “quién la tiene más grande en Google” o “quién habla mal del otro detrás de su espalda”, la medicina veterinaria real exige respeto, honestidad y compromiso. Sí, colegas, compromiso: ese concepto que parece que se les olvidó entre memes de internet y discusiones estériles.


Y ojo, que la deontología no se queda en la clínica. Si aprendes a respetar al colega, a valorar cada hora de estudio, a proteger la dignidad de tu profesión y a cuidar a tus pacientes, aprendes también a ser mejor persona. Aprendes que los principios no son negociables, que la mediocridad es elección propia, y que la vida te devuelve lo que siembras.


A todos los que se sienten aludidos, sí, hablo de ustedes. Sí, estoy incomodando su “zona de confort” donde insultar, humillar y pisotear es rutina. Si no les gusta, perfecto, sigan su camino; solo sepan que hay una generación de veterinarios que va a cambiar las reglas: que va a exigir respeto, ética y excelencia. Y que va a demostrar que ser profesional no es solo cuestión de título, sino de actitud.


Que quede claro, la deontología no es opcional. No es decorativa. No es para aparentar que eres buen veterinario en redes sociales. Es la base de nuestra profesión. La verdadera diferencia entre un profesional y un charlatán está ahí, en cómo se comporta cuando nadie lo está mirando, en cómo respeta la vida que se le confía, y en cómo honra su esfuerzo y el de todos los que lo rodean.


Si quieres ser veterinario de verdad, empieza por respetarte a ti mismo, respeta a tus colegas, respeta tu profesión… y sobre todo, respeta a tus pacientes. Lo demás son excusas para la mediocridad



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