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Feminismo o Vandalismo: ¿Realmente Defienden a las Mujeres o Son una Herramienta de Control

 Me había olvidado de publicar este ensayo el 9 de marzo! 


Feminismo o Vandalismo: ¿Realmente Defienden a las Mujeres o Son una Herramienta de Control?


Por Carlos Arturo Bastidas Collantes


Cada 8 de marzo, las calles se llenan de gritos, pancartas y consignas. Se supone que es el día en el que se reivindican los derechos de las mujeres y se alza la voz contra la violencia de género. Pero, ¿en qué momento luchar por justicia se convirtió en destruir ciudades, atacar comercios y vandalizar monumentos?


Dicen que lo hacen por las víctimas. Que romper vidrios, pintar paredes y quemar mobiliario público es una forma de protesta legítima. ¿Pero acaso alguna de estas acciones devuelve la vida a las mujeres que han sido asesinadas? ¿Acaso pintar “muerte al macho” en la pared de un hospital hace que haya más seguridad para las mujeres? Yo no lo veo.


Si de verdad me demostraran que quemar un bus o destrozar una estatua reduce los feminicidios o mejora las oportunidades laborales de las mujeres, me uniría sin dudarlo. Pero la realidad es otra: los destrozos no afectan a los verdaderos culpables de la violencia, sino a la gente trabajadora, a otras mujeres que dependen de esos negocios que han sido saqueados, a madres que llevan a sus hijos a hospitales vandalizados, a empleadas de limpieza que tienen que recoger el desastre.


El feminismo nació como una lucha legítima por la igualdad y la justicia. Muchas mujeres a lo largo de la historia han dado su vida para que hoy tengamos derechos. Pero lo que vemos hoy no es feminismo, es anarquía disfrazada de lucha social. Y lo peor es que esta violencia solo provoca más rechazo y división. ¿Cómo pedir respeto si se impone el miedo? ¿Cómo exigir justicia si se cometen injusticias?


¿Quién Está Detrás de Esto?


Aquí es donde hay que preguntarse: ¿de verdad estas marchas radicales nacen de la indignación genuina o hay algo más detrás? Es curioso que muchas de estas protestas estén financiadas por ONG extranjeras, muchas de ellas vinculadas a grandes corporaciones y gobiernos de países desarrollados. ¿Por qué?


No es coincidencia que los movimientos más radicales surjan en países en vías de desarrollo, donde el caos y la inestabilidad benefician a ciertos sectores. En lugar de fortalecer instituciones, de fomentar el emprendimiento o de mejorar la educación, se nos inyectan movimientos que dividen a la sociedad, que enfrentan a hombres y mujeres, que destruyen en lugar de construir.


El objetivo parece claro: mantenernos en la eterna lucha interna para que nunca podamos avanzar como naciones soberanas. Mientras nos desgastamos en conflictos internos, seguimos dependiendo de préstamos internacionales, seguimos recibiendo "ayuda" de las mismas potencias que nos quieren débiles. Porque un país dividido, con protestas constantes y con una juventud radicalizada, es un país que nunca se desarrollará.


La verdadera lucha por los derechos de las mujeres no necesita financiamiento extranjero ni vandalismo. Necesita educación, oportunidades reales, justicia efectiva y un cambio social que incluya a todos.


Si realmente queremos un mundo mejor, dejemos de caer en estas trampas de manipulación. La solución no está en destruir nuestras ciudades, sino en construir un futuro donde las mujeres y los hombres puedan progresar juntos, sin ser piezas en un juego de intereses ocultos.

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