Ir al contenido principal

¡Basta de Empirismo e Intromisión! La Usurpación de la Medicina Veterinaria y la Urgencia de Defender Nuestra Profesión

 ¡Basta de Empirismo e Intromisión! La Usurpación de la Medicina Veterinaria y la Urgencia de Defender Nuestra Profesión

Por Carlos Arturo Bastidas Collantes


Hay una frase que siempre repito  “ser veterinario no es tener amor por los animales, es tener la ciencia y la ética para salvarlos”. Y es precisamente esa frontera entre el amor y la preparación la que hoy muchos han decidido cruzar con irresponsabilidad. Vivimos una época donde la usurpación de la medicina veterinaria se ha vuelto un cáncer que amenaza no solo nuestra profesión, sino la vida misma de los animales que juramos proteger.


Cada día aparecen “curadores”, “técnicos”, “auxiliares” o incluso “ingenieros” que, sin la formación ni la autorización legal, se atreven a diagnosticar, medicar, operar o intervenir a un ser vivo. Lo hacen con una confianza peligrosa, con frases como “yo también sé”, “tengo experiencia” o “he visto muchos casos”. Pero no se trata de ver casos, sino de comprenderlos. No se trata de tener experiencia empírica, sino conocimiento científico, criterio clínico, y una formación que solo la medicina veterinaria otorga.


No podemos seguir permitiendo que los animales sean víctimas del ego o la ignorancia. No podemos quedarnos callados mientras los tutores, en su buena fe o por buscar ahorrar unos pesos, terminan cayendo en manos de delincuentes disfrazados de profesionales. Porque sí, usurpar la medicina veterinaria no es una simple falta ética, es un delito, y debe ser tratado como tal.


Como gremio, es momento de dejar la tibieza y la indiferencia. Debemos unirnos, denunciar, y exigir que las autoridades hagan cumplir las leyes que protegen nuestra profesión. Pero también debemos asumir nuestra responsabilidad en la raíz del problema la educación. Es hora de hablar con los tutores, de enseñarles que un veterinario no se improvisa. Que un título, un registro y años de formación no son un papel colgado en la pared, sino la garantía de que su mascota está en manos capacitadas, éticas y seguras.


Debemos educar desde la empatía, no desde la soberbia. Explicar que los ingenieros zootecnistas, los agropecuarios o los auxiliares tienen campos valiosos de acción, pero no están capacitados para curar animales. Su aporte puede ser grande dentro de sus áreas, pero no en la medicina. Así como un enfermero no reemplaza a un médico, un zootecnista no reemplaza a un veterinario clínico. Y decirlo no es desprecio: es responsabilidad.


El amor por los animales no da licencia para jugar a ser médico. La pasión no sustituye la formación. Y la experiencia empírica no salva vidas, las pone en riesgo.


Por eso, a mis colegas les digo, basta de callar, basta de mirar a otro lado. Es momento de actuar, de denunciar, de fortalecer nuestro gremio desde la unidad y el respeto mutuo. De recuperar el valor de la palabra “veterinario”, de devolverle su dignidad ante una sociedad confundida por la informalidad.


Defendamos lo que tanto nos costó construir. Eduquemos con firmeza y con amor, pero también con coraje. Porque cada vez que un impostor toca a un animal, no solo viola la ley, sino que ensucia el nombre de todos los que sí estudiamos, sí nos preparamos y sí sentimos el peso del juramento que hicimos proteger la vida animal con ciencia, ética y corazón.


La medicina veterinaria no se improvisa. Se honra.

Y hoy, más que nunca, nos toca defenderla.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Médicos Veterinarios: Los Héroes Invisibles que Sostienen al Mundo

 Médicos Veterinarios: Los Héroes Invisibles que Sostienen al Mundo Por Carlos Arturo Bastidas Collantes Nos enseñaron a ver a los médicos veterinarios como los “doctores de los animales”, como aquellos que curan a perros y gatos en clínicas, o que atienden vacas y caballos en el campo. Pero nadie nos dijo que, en realidad, los veterinarios son los guardianes silenciosos de la salud pública, los pilares de la economía mundial y los héroes anónimos que sostienen la sociedad. Nadie nos contó que, sin veterinarios, la vida tal como la conocemos colapsaría. Mucho Más Que un Estetoscopio y un Bisturí La labor veterinaria va mucho más allá de tratar enfermedades en animales. Es un campo que conecta con la seguridad alimentaria, con la prevención de pandemias, con la economía de un país y con la estabilidad ambiental. Cada vez que consumes carne, huevos, leche o pescado, hay un veterinario detrás, asegurando que lo que llega a tu mesa no te enferme. Cada vez que una enfermedad zoonótica (...

La Caja de Pandora en Medicina Veterinaria

 La Caja de Pandora en Medicina Veterinaria Por Carlos Arturo Bastidas Collantes Dicen que la curiosidad mató al gato, pero en nuestra profesión, la curiosidad es la que nos mantiene vivos. Queremos saber más, entender mejor, salvar lo que parece insalvable. Sin embargo, cada veterinario, tarde o temprano, abre su propia Caja de Pandora, esa que, al destaparla, libera todas las sombras de esta hermosa pero despiadada profesión. No es la medicina la que nos quiebra; es lo que viene con ella. Dentro de nuestra caja no hay solo enfermedades, diagnósticos y tratamientos, sino algo mucho más pesado: la impotencia, la frustración, la injusticia y, a veces, el desprecio. Nos preparan para salvar vidas, pero no nos advierten que, muchas veces, no nos dejarán hacerlo. Nos enseñan a curar, pero no nos enseñan a vivir con las decisiones de otros, aquellas que nos arrancan de las manos a un paciente que podríamos haber salvado. Cuando abrimos nuestra Caja de Pandora, se escapan los clientes qu...

Cuando el Error es Maestro y la Soberbia un Obstáculo

Cuando el Error es Maestro y la Soberbia un Obstáculo Por Carlos Arturo Bastidas Collantes Dicen que el conocimiento te da poder, pero el verdadero poder está en saber usarlo con humildad. En la medicina veterinaria, como en la vida, todos fallamos. A veces porque decidimos rápido, otras porque confiamos demasiado o simplemente porque aún no sabemos lo suficiente. Pero cuando presenciamos el error de otro colega, ¿cómo debemos actuar? ¿Desde la cima de un ego inflado o desde la compasión de quien también ha tropezado? La respuesta es sencilla y brutalmente honesta: no somos Dios. Ni tú, ni yo, ni el PhD de peluquín que inspiró estas líneas con su falta de tacto y exceso de soberbia. Por eso, antes de levantar el dedo acusador, conviene mirarse las manos. Todos hemos tenido momentos donde, de haber sido grabados, nos habríamos ganado más de un meme y menos de una estrella. El error ajeno no debe ser pretexto para juzgar, sino oportunidad para educar. Y esa educación no se grita en públi...