Ir al contenido principal

Manual no autorizado para sobrevivir siendo médico veterinario en el siglo XXI (sin perder la dignidad… o al menos el sentido del humor)


Manual no autorizado para sobrevivir siendo médico veterinario en el siglo XXI (sin perder la dignidad… o al menos el sentido del humor)

Por Carlos A. Bastidas C.

Ser médico veterinario hoy es una experiencia mística. No porque tengamos poderes sobrenaturales, aunque algunos clientes lo crean, sino porque seguimos creyendo, contra toda evidencia, que esto vale la pena. Y lo seguimos haciendo incluso cuando el mundo conspira activamente para demostrar lo contrario.

Antes, el enemigo era la enfermedad. Luego fue la ignorancia. Hoy, además, tenemos que lidiar con Google, TikTok, influencers de batas blancas sin título, abogados frustrados, activistas con WiFi, progresismos mal digeridos y una generación convencida de que el conocimiento científico es “opinable”.

Bienvenidos a la veterinaria moderna.

Abróchense el cinturón!

Lo malo (porque sí, empecemos por ahí)

Ser veterinario hoy es explicar durante 20 minutos por qué un antibiótico no es un dulce, para que al final te digan:

“Doctor, pero en Internet dicen otra cosa”o "yo no le voy a dar eso,a mi me hace daño"

Internet. Ese gran repositorio de sabiduría donde una influencer con 30 mil seguidores y un gato obeso sabe más que seis años de universidad, dos de posgrado y quince de experiencia clínica.

Lo malo es trabajar con miedo.

Miedo a una reseña.

Miedo a una funa.

Miedo a que una decisión clínica correcta sea juzgada por alguien que no distingue un riñón de una croqueta.

Lo malo es que hoy el veterinario no solo diagnostica, se defiende.

De acusaciones absurdas.

De expectativas irreales.

De la romantización de la medicina y la demonización del profesional.

Y sí, lo malo también es ver colegas agotados, quemados, compitiendo entre ellos como si el enemigo fuera el de al lado y no el sistema que nos exprime.

Lo feo (porque nadie lo dice, pero todos lo vivimos)

Lo feo es tener que justificar honorarios como si salvar una vida fuera un capricho.

Lo feo es escuchar“Si realmente amaras a los animales, no cobrarías”.

Curioso argumento… jamás lo he escuchado en un banco, una gasolinera o un restaurante.

Lo feo es el progresismo mal entendido que humaniza animales hasta desanimalizarlos, pero deshumaniza al veterinario hasta volverlo descartable.

Mascotas con derechos imaginarios, tutores sin responsabilidades reales y profesionales tratados como sospechosos permanentes.

Lo feo es ver cómo la ética se confunde con sentimentalismo y cómo la ciencia se vuelve opcional si hiere susceptibilidades.

Y lo feo, lo verdaderamente feo, es perder colegas.

Por burnout.

Por depresión.

Por silencio.

Eso no es un daño colateral.

Es una alarma que nadie quiere escuchar.

Lo lindo (porque, pese a todo, esto sigue siendo hermoso)

Lo lindo es ese paciente que vuelve a caminar.

Ese gato que vuelve a ronronear.

Ese perro viejo que te mira como diciendo: “Gracias, doc, un día más”.

Lo lindo es cuando el tutor entiende.

Cuando confía.

Cuando agradece sin hashtags.

Lo lindo es la vocación que sobrevive incluso cuando la razón aconsejaría rendirse.

Lo lindo es saber que, aunque nadie lo vea, hiciste lo correcto.

Y lo más lindo! nosotros.

Los veterinarios que siguen estudiando.

Que siguen enseñando.

Que siguen creyendo en la profesión incluso cuando la profesión parece olvidarse de ellos.

Entonces… ¿cómo carajo sobrevivimos?

Dejando de pedir perdón por saber más.

No somos arrogantes por defender la ciencia. Somos responsables.

Cobrando sin culpa.

La vocación no se paga con aplausos ni con likes.

Poniendo límites.

No todo cliente es buen cliente.

No toda opinión merece debate.

Uniéndonos de verdad.

Menos egos. Más gremio.

Menos competencia absurda. Más dignidad compartida.

Educando sin condescendencia y sin miedo.

El que quiera aprender, que aprenda.

El que quiera imponer, que busque otro oficio.

Cuidando nuestra salud mental como cuidamos a nuestros pacientes.

Porque un veterinario roto no salva a nadie.

Epílogo (para cuando estés a punto de mandar todo al carajo)

Si estás leyendo esto y te sientes cansado, no estás solo.

Si dudás, eres humano!

Si sigues, eres veterinario.

La profesión no está muriendo.

Está mutando.

Y como toda mutación, duele.

Pero que quede claro algo!!

No somos el problema.

Somos parte de la solución… aunque al mundo le incomode.

Y si alguien no lo entiende, que consulte en Google.

Nosotros seguiremos haciendo medicina.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Cuando el Error es Maestro y la Soberbia un Obstáculo

Cuando el Error es Maestro y la Soberbia un Obstáculo Por Carlos Arturo Bastidas Collantes Dicen que el conocimiento te da poder, pero el verdadero poder está en saber usarlo con humildad. En la medicina veterinaria, como en la vida, todos fallamos. A veces porque decidimos rápido, otras porque confiamos demasiado o simplemente porque aún no sabemos lo suficiente. Pero cuando presenciamos el error de otro colega, ¿cómo debemos actuar? ¿Desde la cima de un ego inflado o desde la compasión de quien también ha tropezado? La respuesta es sencilla y brutalmente honesta: no somos Dios. Ni tú, ni yo, ni el PhD de peluquín que inspiró estas líneas con su falta de tacto y exceso de soberbia. Por eso, antes de levantar el dedo acusador, conviene mirarse las manos. Todos hemos tenido momentos donde, de haber sido grabados, nos habríamos ganado más de un meme y menos de una estrella. El error ajeno no debe ser pretexto para juzgar, sino oportunidad para educar. Y esa educación no se grita en públi...

“31 de Octubre: El Día en que Celebramos a Quienes Curamos con Ciencia, Alma y Lodo en los Zapatos”

  “31 de Octubre: El Día en que Celebramos a Quienes Curamos con Ciencia, Alma y Barro en los Zapatos” Por Carlos A. Bastidas C. Hoy amanecí con el corazón apretado. Mi querido equipo perdió la semifinal de la Copa Libertadores, y confieso que me dolió… porque uno también ama esos colores que lo acompañan desde niño. Pero justo cuando la tristeza me quería ganar el día, recordé algo mucho más grande,  ¡hoy es 31 de octubre, el Día del Médico Veterinario Ecuatoriano! Y entonces sonreí. Sonreí porque, más allá del marcador, tengo muchos motivos para celebrar. Tengo una familia hermosa que me sostiene, unos hijos que me inspiran, una esposa que me acompaña en cada batalla, y un gran equipo de amigos y colegas que trabajan hombro a hombro conmigo en la clínica, dejando el alma por cada vida que atendemos. Y me di cuenta de algo,  la vida, al igual que la veterinaria, se gana con el corazón. No todos los héroes usan capa. Algunos usamos bata, botas llenas de lodo, o ...

¿Por Qué los Niños Quieren Ser Veterinarios?

¿Por Qué los Niños Quieren Ser Veterinarios ? Por Carlos Arturo Bastidas Collantes Hay una edad mágica en la que los sueños todavía no conocen el miedo al fracaso. Es esa etapa luminosa en la que un niño puede querer ser astronauta, mago, bombero o veterinario sin que nadie le diga que es difícil, que no hay dinero, que es muy largo el camino. Es ahí, en ese rincón ingenuo y valiente de la infancia, donde nace con fuerza una de las vocaciones más nobles que puede tener el corazón humano: la de cuidar a los animales. La primera razón por la que un niño sueña con ser veterinario es simple: ama sin condiciones. Ese amor instintivo que lo lleva a abrazar a su perro, a salvar a un insecto del agua o a llorar con el final de una película de caballos. En un mundo cada vez más apurado y desalmado, los niños todavía tienen tiempo para mirar a los ojos a un gato y ver allí un ser vivo que merece respeto, cariño y protección. Ellos no necesitan que nadie les enseñe empatía, porque la traen de ser...