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Entre Jaulas y Corazones Cansados: ¿Y si además de Gatificar… Humanizamos? Por Carlos A. Bastidas C.q

Entre Jaulas y Corazones Cansados: ¿Y si además de Gatificar… Humanizamos? Por Carlos A. Bastidas C.

En Medicina Veterinaria hay una palabra que se ha vuelto bandera, tendencia, casi un mantra moderno gatificar.

Y está bien… está muy bien.

Hablamos de crear espacios verticales, enriquecimiento ambiental, zonas seguras, estructuras que permitan a los gatos sentirse protegidos, menos estresados, más felices. Nos capacitamos, invertimos, rediseñamos consultorios, hospitalizaciones, salas de espera. Nos emocionamos cuando vemos a un gato relajarse en un ambiente pensado para él, cuando observamos cómo baja su ansiedad, cómo mejora su experiencia clínica, cómo el respeto por su naturaleza transforma su salud.

Lo celebramos… y debemos seguir haciéndolo.

Pero en medio de esa evolución maravillosa, hay una pregunta que incomoda… una pregunta que casi nadie formula en voz alta:

¿Por qué hablamos tanto de gatificar… y hablamos tan poco de humanizar nuestros espacios?

No humanizar en el sentido de poner sillones más bonitos o cafeteras más elegantes.

No.

Hablo de algo mucho más profundo… mucho más urgente… mucho más olvidado.

Hablo de humanizar los lugares donde trabajan, enseñan, aprenden, lloran y resisten quienes sostienen la Medicina Veterinaria con sus propias emociones.

Las clínicas veterinarias… esos lugares donde también se hospitalizan almas

Una clínica veterinaria no es solo un lugar donde llegan pacientes peludos, emplumados o escamados.

Es también el lugar donde llegan esperanzas, miedos, culpas, despedidas, frustraciones… y silencios.

Ahí adentro, entre quirófanos, consultorios y hospitalizaciones, habitan veterinarios que muchas veces no han dormido bien en días, que cargan decisiones éticas que pesan más que cualquier bisturí, que sonríen frente al propietario mientras por dentro están procesando el miedo a equivocarse, el dolor de perder un paciente o la presión económica que nadie ve.

Y, sin embargo, seguimos diseñando espacios clínicos pensando casi exclusivamente en la comodidad del paciente y del cliente… pero rara vez en la salud emocional del veterinario.

Nos enseñaron a desinfectar superficies, esterilizar instrumental, optimizar flujos de atención…

Pero nadie nos enseñó a crear espacios que desinfecten el agotamiento del alma.

Hospitalizamos gatos en ambientes enriquecidos… pero hospitalizamos veterinarios en rutinas emocionalmente pobres

Cuántas clínicas tienen:

✔ Áreas de descanso reales para su personal

✔ Espacios donde se pueda llorar sin sentirse débil

✔ Lugares donde conversar sobre un caso perdido sin miedo al juicio

✔ Momentos diseñados para respirar, procesar, reconectar

✔ Ambientes donde el error sea aprendizaje y no sentencia

Muy pocas.

En cambio, abundan los espacios donde el veterinario come de pie, responde mensajes mientras sutura, oculta el cansancio detrás de una sonrisa profesional y aprende a normalizar el dolor como si fuera parte obligatoria del uniforme.

Y eso… eso también es una forma de maltrato silencioso.

¿Cómo pretendemos enseñar empatía hacia los animales si olvidamos practicarla entre nosotros?

En las aulas universitarias ocurre algo similar.

Formamos veterinarios brillantes en fisiología, farmacología, cirugía, diagnóstico por imagen… pero todavía nos cuesta formar veterinarios emocionalmente sostenidos.

Aulas donde el miedo al error supera al deseo de aprender.

Aulas donde la exigencia académica no siempre camina de la mano con la contención humana.

Aulas donde los estudiantes aprenden anatomía con precisión milimétrica… pero muchas veces aprenden a ocultar su vulnerabilidad con la misma precisión.

Y ahí nace un profesional técnicamente competente… pero emocionalmente deshidratado.

Humanizar no es debilidad… es medicina preventiva para quienes cuidan vidas

Humanizar un espacio veterinario es entender que la salud mental del equipo también es parte del tratamiento del paciente.

Porque un veterinario agotado diagnostica con la mente nublada.

Porque un veterinario emocionalmente sostenido escucha mejor, decide mejor, conecta mejor.

Humanizar es permitir pausas sin culpa.

Es diseñar salas de descanso dignas, no improvisadas.

Es fomentar reuniones donde se hablen emociones, no solo protocolos.

Es reconocer que detrás de cada bata hay una historia personal que también necesita cuidado.

Humanizar es recordar que no somos máquinas de salvar vidas… somos seres humanos intentando hacerlo lo mejor posible.

Tal vez el mayor enriquecimiento ambiental que necesita la Medicina Veterinaria… somos nosotros mismos

Nos hemos preocupado —con razón— por reducir el estrés del paciente felino mediante estructuras, escondites, alturas, texturas, estímulos adecuados.

Pero el veterinario también necesita su propio enriquecimiento ambiental:

Necesita sentirse valorado.

Necesita sentirse acompañado.

Necesita sentir que puede equivocarse sin dejar de ser digno.

Necesita saber que su vocación no exige sacrificar su bienestar emocional como tributo silencioso.

Porque cuando un veterinario se quiebra… no solo pierde él.

Pierden sus pacientes, sus colegas, sus estudiantes, su familia… y pierde una profesión entera.

Humanizar es un acto revolucionario en una profesión que aprendió a ser fuerte… pero no siempre aprendió a ser contenida

Tal vez llegó el momento de preguntarnos:

¿Queremos clínicas más modernas… o profesiones más sostenibles?

¿Queremos hospitales más tecnológicos… o equipos humanos más saludables?

¿Queremos formar veterinarios capaces de salvar vidas… o veterinarios capaces de salvar vidas sin perder la propia?

La verdadera evolución de la Medicina Veterinaria no será solo científica… será profundamente humana.

El día que empecemos a humanizar nuestros espacios… estaremos honrando realmente el juramento que hicimos

Porque cuidar animales siempre fue nuestra misión…

Pero olvidamos que para hacerlo durante toda una vida… también debemos cuidar a quienes los cuidan.

Tal vez el futuro de la Medicina Veterinaria no dependa solo de nuevos equipos, nuevas técnicas o nuevos protocolos.

Tal vez dependa de algo mucho más simple… y mucho más valiente:

Crear lugares donde un veterinario pueda sanar mientras sana a otros.

Y cuando ese día llegue… cuando nuestras clínicas, hospitales y aulas tengan rincones para respirar, para sentir, para acompañar… cuando entendamos que la empatía empieza dentro del propio equipo…

Entonces sí…

No solo estaremos gatificando espacios.

Estaremos dignificando la Medicina Veterinaria.



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