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Veterinarios y Animalistas: De la Confrontación a la Alianza que los Animales Necesitan



Veterinarios y Animalistas: De la Confrontación a la Alianza que los Animales Necesitan

Por Carlos Arturo Bastidas Collantes




Durante años, ha existido una grieta silenciosa —y a veces ensordecedora— entre dos grupos que, en esencia, deberían marchar al mismo ritmo: los médicos veterinarios y los animalistas. Esta brecha, forjada por malentendidos, expectativas desbordadas y una profunda desconexión entre realidad y percepción, ha impedido que la lucha por el bienestar animal avance con la fuerza que debería. Pero ha llegado el momento de sanar, de tender puentes, de unir fuerzas. Porque si no lo hacemos juntos, los que pierden son siempre los mismos: los animales.


Como médico veterinario, he vivido ambas caras de la moneda. He recibido abrazos de gratitud y también insultos cargados de ignorancia. He visto animalistas admirables, de lujo, que no solo rescatan, sino que invierten su tiempo, su dinero, su corazón, y hasta contratan personal médico para garantizar el bienestar de cada vida que salvan. Pero también he enfrentado a quienes, sin saber de anatomía, fisiología ni ética médica, exigen atención gratuita, inmediata y milagrosa, como si los veterinarios pudiéramos vivir del aire o como si la medicina fuera un acto de magia sin ciencia ni costos detrás.


El problema no radica en el amor por los animales. Ese lo compartimos. El problema está en la forma en que nos comunicamos, en cómo nos juzgamos sin conocernos, en cómo algunos animalistas se aferran a historias virales de TikTok y las convierten en verdades absolutas, sin contrastar, sin verificar, y desde ahí lanzan campañas de desprestigio contra colegas cuya única falta fue seguir protocolos médicos, o simplemente, cobrar por su trabajo.


¿Dónde quedó el diálogo? ¿En qué momento pasamos de aliados a enemigos?


Es hora de cambiar la narrativa.


La solución comienza por la empatía y la educación mutua. Los veterinarios debemos abrir nuestras puertas —y nuestros corazones— para explicar, sin arrogancia, lo que hacemos, por qué lo hacemos y qué nos limita. La medicina veterinaria no es una vocación de mártires: es una profesión con conocimientos profundos, años de estudio y responsabilidades enormes. Así como un mecánico no puede regalar su trabajo aunque ame los autos, nosotros tampoco podemos regalar lo que nos cuesta tanto ejercer.


Pero también los animalistas deben replantearse su rol. Ser animalista no es solo rescatar, sino también comprender. Es estudiar, informarse, evitar caer en la trampa del sensacionalismo digital, y sobre todo, reconocer que el veterinario no es el enemigo, sino el mejor aliado que puede tener un rescatista informado.


Hay que decirlo claro: los verdaderos héroes son quienes colaboran, no quienes acusan; quienes se forman, no quienes difaman; quienes buscan soluciones, no culpables.


Y sí, hay veterinarios que cometen errores. Como en toda profesión. Pero generalizar, atacar sin base y alentar el odio solo aleja a quienes realmente pueden ayudar.


Mi invitación, como veterinario, como humano y como amante de los animales, es a que construyamos una alianza real, ética y sostenible. Un frente común donde se valore el trabajo del médico, se respalde la labor del rescatista comprometido, y se silencie a quienes solo quieren likes a costa del dolor ajeno.


Soñemos con un país —con un mundo— donde veterinarios y animalistas caminen juntos, se respeten y se apoyen. Porque esa, y solo esa, es la fórmula que puede salvar más vidas.


La grieta está ahí. Pero también está el puente.

Y lo podemos cruzar juntos.

Por ellos. Siempre por ellos.




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