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LO QUE NADIE QUIERE ESCUCHAR SOBRE EJERCER MEDICINA VETERINARIA EN LATINOAMÉRICA (Y EN EL MUNDO)

 LO QUE NADIE QUIERE ESCUCHAR SOBRE EJERCER MEDICINA VETERINARIA EN LATINOAMÉRICA (Y EN EL MUNDO) por Carlos A. Bastidas C

La Medicina Veterinaria es, sin discusión, una de las profesiones más nobles que existen. Pero también es una de las más romantizadas. Nos vendieron la imagen del médico que abraza cachorros, que salva vidas todos los días, que recibe gratitud infinita y que vive de su vocación.

Eso existe. Claro que existe.

Pero eso no es todo.

Y si eres estudiante o veterinario en ejercicio, necesitas escuchar lo que casi nadie se atreve a decir.

En Latinoamérica y en gran parte del mundo , el discurso de la vocación ha sido usado como anestesia económica.

“Si amas lo que haces, el dinero no importa.”

Mentira peligrosa.

El alquiler importa.

Los equipos importan.

La anestesia, los insumos, el personal, la capacitación, el posgrado… todo importa.

La Medicina Veterinaria es una de las carreras con mayor carga académica y responsabilidad legal, pero en muchos países es una de las peor remuneradas en proporción al esfuerzo invertido. Y lo más grave, nosotros mismos normalizamos ese abuso.

Nos enseñaron a salvar vidas, pero no a cobrar por salvarlas.

Nadie te prepara para el chantaje emocional.

“Doctor, si usted ama a los animales, debería hacerlo más barato.”

“Si fuera su perro, ¿lo dejaría morir?”

“Ustedes solo quieren dinero.”

En ninguna otra profesión sanitaria se romantiza tanto el sacrificio económico del profesional. A un cirujano humano no se le negocia la sutura con fotos del paciente llorando. A nosotros sí.

Y si decides cobrar lo justo, aparece la culpa.

La culpa por decir que no.

La culpa por no fiar.

La culpa por priorizar tu estabilidad.

Esa culpa es uno de los grandes factores de desgaste emocional en la profesión.

La Medicina Veterinaria tiene uno de los índices más altos de desgaste profesional a nivel mundial. Jornadas extensas. Guardia permanente. Responsabilidad vital. Expectativas irreales.

En Ecuador, en México, en Argentina, en Colombia… el patrón se repite:

Clínicas con márgenes mínimos, competencia desleal, informalidad, presión fiscal, redes sociales convertidas en tribunales públicos.

Nadie te advierte que salvar vidas también te va a romper por dentro.

Vas a perder pacientes.

Vas a cometer errores.

Vas a sentir que no fue suficiente.

Y algunas noches no vas a poder dormir.

Otra verdad incómoda, el gremio no siempre es solidario.

Competencia basada en precios, desprestigio entre colegas, comentarios pasivo-agresivos, rumores. Mientras la sociedad cuestiona nuestra labor, muchas veces nosotros mismos debilitamos la profesión desde adentro.

La falta de unión es uno de los mayores frenos para el crecimiento colectivo en Latinoamérica.

No necesitamos más clínicas.

Necesitamos más ética.

Más respeto entre nosotros.

Más acuerdos mínimos de dignidad profesional.

La tecnología ha avanzado. La medicina veterinaria moderna es sofisticada, científica, exigente. Pero una parte del público sigue viendo al veterinario como “el doctor de perritos” que debería resolver todo con una inyección económica.

No entienden que hacemos medicina real.

No entienden que un ultrasonido, una anestesia inhalatoria, un laboratorio completo, cuestan dinero.

No entienden que la medicina basada en evidencia no se improvisa.

Y cuando el desenlace no es el esperado, el juicio es inmediato.

En la era digital, una publicación puede destruir reputaciones construidas en años.

La decisión de eutanasiar no es un procedimiento técnico. Es una carga emocional acumulativa.

Cada “hasta aquí” deja una marca.

Cada despedida pesa.

Cada mirada final se queda contigo.

No todos hablan de eso.

Pero todos lo sentimos.

Muchos estudiantes creen que al graduarse abrirán una clínica próspera en pocos años. La realidad es otra.

Construir reputación toma tiempo.

Invertir en equipos requiere riesgo.

Equivocarse es parte del camino.

La Medicina Veterinaria no es una carrera de velocidad. Es una maratón emocional, financiera y profesional.

Si decides ejercer esta profesión!

Aprende medicina, pero también aprende administración.

Aprende diagnóstico, pero también comunicación.

Aprende cirugía, pero también límites.

Aprende a salvar vidas, pero también a salvar la tuya.

La profesión más hermosa del mundo también puede ser una de las más crudas si no estás preparado.

 Y entonces… ¿vale la pena?

Sí.

Vale la pena cuando un paciente crítico sale caminando.

Cuando un tutor regresa a agradecerte años después.

Cuando entiendes que tu conocimiento realmente cambia destinos.

Pero solo vale la pena si la ejerces con dignidad.

La Medicina Veterinaria no necesita mártires.

Necesita profesionales fuertes, preparados, unidos y conscientes.

Este es el mensaje que nadie te dice:

No basta con amar a los animales.

Tienes que aprender a amar tu profesión sin destruirte en el intento.

Tienes que aprender a poner límites.

Tienes que aprender a cobrar con firmeza.

Tienes que aprender a no cargar culpas que no te corresponden.

Si eres estudiante, abre los ojos ahora.

Si ya ejerces, despierta.

La Medicina Veterinaria es hermosa.

Pero no es inocente.

Y si vamos a defenderla como la profesión más hermosa del mundo, primero debemos dejar de mentirnos sobre su lado oscuro.

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