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Día Mundial del Médico Veterinario por Carlos A. Bastidas C.


“El día que entendimos que no era una profesión… era un destino”

Hay días en los que uno se pregunta por qué eligió esto.

Días en los que el cansancio pesa más que la vocación. Días en los que una mirada que se apaga te rompe por dentro, aunque por fuera tengas que mantenerte firme. Días en los que quisieras ser un poco menos humano… para que no duela tanto.

Pero entonces pasa algo.

Un paciente que vuelve a caminar cuando nadie apostaba por él. Un dueño que te abraza con lágrimas en los ojos y te dice “gracias por no rendirte”. Un pequeño corazón que sigue latiendo… porque tú decidiste intentarlo una vez más.

Y ahí lo entiendes todo.

Ser médico veterinario no es una decisión racional. Es un llamado. Es ese impulso inexplicable que te hizo elegir cuidar vidas que no hablan, pero que lo dicen todo. Es esa conexión que no se enseña en ninguna universidad, pero que define quién eres.

Nos ha tocado vivir cosas que pocos creerían.

Hemos sido cirujanos con las manos temblando por el sueño, pero firmes por la responsabilidad. Hemos sido psicólogos de familias destrozadas. Hemos sido ese último rayo de esperanza… y también el hombro donde se derrumba el dolor.

Nos ha tocado escuchar: “es solo un animal”.

Y aun así, hemos respondido con trabajo, con entrega, con dignidad. Porque sabemos que no es “solo”. Nunca lo es.

Es el compañero que estuvo en las peores noches. Es la alegría que recibía en la puerta todos los días. Es un miembro de la familia que ama sin condiciones, sin juicios, sin reservas.

Y nosotros… nosotros estamos ahí para ellos.

En las madrugadas. En los feriados. En los días buenos y en los que quiebran el alma.

Hemos llorado en silencio después de una pérdida. Hemos celebrado en silencio después de un milagro. Hemos aprendido a seguir, incluso cuando sentimos que ya no podemos más.

Y sin embargo… aquí estamos.

De pie.

Con el corazón lleno de cicatrices… pero también de historias hermosas. Con el alma cansada… pero intacta. Con la certeza de que, a pesar de todo, no cambiaríamos este camino por nada.

Porque ser veterinario no es solo salvar vidas.

Es dignificar la vida.

Es amar sin esperar nada a cambio.

Es estar cuando más nos necesitan, incluso cuando nadie nos ve.

Hoy, en el Día Mundial del Médico Veterinario, no te felicito por lo que haces.

Te honro por lo que eres.

Por cada madrugada que nadie aplaude.

Por cada decisión difícil que cargaste en silencio.

Por cada vida que tocaste… aunque no hayas podido salvarla.

Si alguna vez dudaste… si alguna vez pensaste en rendirte… si alguna vez sentiste que no era suficiente…

Mira todo lo que has hecho.

Mira todo lo que has soportado.

Mira todo lo que has amado.

Y entiende esto, con el alma en la mano:

No te equivocaste.

Elegiste una de las formas más puras y valientes de existir.

Feliz Día Mundial del Médico Veterinario.

Hoy no celebramos lo que somos capaces de hacer.

Celebramos lo que somos capaces de sentir. 

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