Antes del bisturí, el verdadero acto de valentía en medicina veterinaria por C.A.B.C.
Hay algo que debemos decirnos entre colegas, sin adornos, sin romantizar la profesión y sin esa falsa idea de que ser “buen veterinario” significa improvisar milagros bajo presión.
No.
Ser buen veterinario no es operar rápido para complacer al tutor ansioso.
No es aceptar un “doctor, pero hágalo nomás, yo confío” cuando sabes perfectamente que no tienes toda la información necesaria.
No es ceder ante el chantaje emocional del “es que no me alcanza para más”.
Ser buen veterinario, muchas veces, significa decir NO.
Y a veces ese “no” pesa más que cualquier cirugía compleja.
Vivimos tiempos extraños. La medicina veterinaria ha cambiado, y no solo en técnica, farmacología o tecnología diagnóstica. Cambió el entorno. Cambió la relación con los tutores. Cambió el nivel de exposición. Hoy un error, incluso uno que pudo prevenirse con protocolo, puede convertirse en una condena pública, en una cacería digital, en cuestionamientos que destrozan reputaciones construidas durante años.
Pero más allá de eso —muchísimo más allá de eso— está lo verdaderamente importante: la vida del paciente.
Jamás, escuchen bien, jamás debemos operar sin exámenes preoperatorios adecuados.
No importa si es “solo una esterilización rutinaria”.
No importa si “el animal se ve bien”.
No importa si el tutor insiste.
No importa si la presión económica aprieta.
La fisiología no negocia.
La bioquímica no entiende de descuentos.
La anestesia no perdona suposiciones.
Ese paciente que parece completamente sano puede estar cursando una insuficiencia renal subclínica. Puede tener una alteración hepática silenciosa. Puede esconder una trombocitopenia que nadie sospechó. Puede portar una condición metabólica capaz de convertir una cirugía aparentemente simple en una tragedia devastadora.
Y cuando eso ocurre, ya no sirven los “yo pensé”, “parecía estable” o “nunca me había pasado”.
La medicina seria se sustenta en evidencia, no en intuiciones.
Colega, si alguna vez sientes presión por abaratar costos sacrificando el protocolo, recuerda esto:
Lo caro no es hacer exámenes preoperatorios.
Lo verdaderamente costoso es enfrentar una complicación prevenible.
Costosa para el tutor.
Costosa para el paciente.
Costosa para tu paz mental.
Costosa para tu prestigio profesional.
Costosa para esa tranquilidad con la que deberías llegar a casa.
Porque quienes llevamos años en esto sabemos una verdad, las noches más largas no son por cansancio físico. Son esas noches en que repasas mentalmente cada decisión preguntándote si pudiste evitarlo.
Y muchas veces sí se pudo.
No estamos para complacer caprichos.
No estamos para competir por quién cobra menos.
No estamos para prostituir el criterio clínico por miedo a perder un cliente.
Estamos para ejercer medicina.
Y ejercer medicina implica criterio, límites y carácter.
Decirle a un tutor:
“Sin exámenes, no opero”,
no es soberbia.
Es ética.
Es responsabilidad.
Es amor real por el paciente.
Y también es respeto por ti mismo.
Debemos entender algo, el tutor que se molesta porque exiges protocolo probablemente nunca valoró tu criterio profesional. Y el tutor que sí comprende, ese es el que construye relaciones de confianza duraderas.
Dejemos de normalizar el riesgo innecesario.
Dejemos de disfrazar imprudencia de experiencia.
Dejemos de creer que porque “siempre salió bien”, seguirá saliendo bien.
La medicina veterinaria no necesita más temerarios.
Necesita profesionales firmes.
Profesionales que sepan que la verdadera valentía no está en operar a ciegas, sino en detenerse, evaluar, estudiar y decidir con fundamento.
A mis colegas les digo algo con absoluta convicción:
Cada vez que exiges un preoperatorio completo, no estás poniendo trabas.
Estás protegiendo una vida.
Cada vez que te mantienes firme ante la presión económica, no estás perdiendo un cliente.
Estás defendiendo tu profesión.
Cada vez que priorizas la medicina por encima de la complacencia, no eres complicado.
Eres responsable.
Y en estos tiempos donde todo parece correr, donde muchos quieren inmediatez, descuentos y soluciones mágicas, ser responsable se ha vuelto casi un acto de resistencia.
Que nunca nos tiemble la voz para decir:
“Primero diagnósticos. Después cirugía.”
Porque al final, el mejor cirujano no es el que más opera.
Es el que sabe perfectamente cuándo operar, cómo hacerlo y bajo qué condiciones jamás debería hacerlo. "NO HAY MEJOR CIRUGÍA, QUE LA QUE NO SE HACE".
Comentarios
Publicar un comentario