Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de septiembre, 2026

UNA PROMESA para mis hijos con todo el amor del mundo . Carlos Arturo Bastidas C.

  UNA PROMESA para mis hijos con todo el amor del mundo . Carlos Arturo Bastidas C. No le tenía miedo a la muerte. De verdad que no. La miraba de lejos, como quien sabe que algún día tendrá que cruzar esa puerta, pero sin demasiadas preguntas, sin hacer demasiado ruido. Hasta que aparecieron ustedes. Y entonces todo cambió. Porque llegaron de repente, como llegan las cosas que uno no sabía que estaba esperando. Y fueron eso: una promesa, un cheque en blanco, una oportunidad escrita con la letra más hermosa que he conocido. Hoy es domingo. Y ustedes están aquí, y yo los miro y pienso que son todo lo que alguna vez esperé, aunque hayan llegado en apenas un rato de esta vida que parece tan larga y, sin embargo, se va demasiado rápido. Hoy no se fía. Mañana sí. Y yo quisiera comprarle un poco más de tiempo a la vida. No porque ahora le tenga miedo a la muerte, sino porque ahora tengo miedo de perderme algo. De perderme una risa, una pregunta, un abrazo inesperado, una conversación de e...

El derrotado, muchas veces, es el primero en aprender. por Carlos A. Bastidas C.

El derrotado, muchas veces, es el primero en aprender. por Carlos A. Bastidas C.  Para ser inmortal, primero hay que morirse. Porque, al final, todo bicho vivo que se vuelve indestructible pierde el atractivo. La perfección es aburrida, y la invulnerabilidad es una mentira que tarde o temprano termina pasándonos factura. Yo, en más de una oportunidad, utilicé mi propia vulnerabilidad para afilar mis esquinas y mis puntas. No porque me guste caer, sino porque aprendí que hay golpes que, si uno tiene la inteligencia suficiente para soportarlos, terminan convirtiéndose en herramientas. El derrotado, muchas veces, es el primero en aprender. Hablo mucho de la cima, sí. Pero hablo todavía más de los pisos. Porque conozco los dos. Y solamente a quienes quiero de verdad les hablo de las caídas, de los golpes, de los pacientes que no salen bien, de los postoperatorios que se complican, de esas noches en las que uno se pregunta qué más pudo haber hecho. Ahí está la verdadera escuela. Y cuand...