LOS GRANDES MIEDOS DE UN MÉDICO VETERINARIO O cómo sobrevivir a una profesión en la que hasta los pacientes tienen dientes para reclamarte. Por Carlos A. Bastidas C. Dicen que los médicos veterinarios somos valientes. Que no le tenemos miedo a nada. Que podemos meter las manos en una boca llena de dientes, enfrentarnos a un perro de 50 kilos que no conoce el significado de la palabra «tranquilo», introducir un termómetro donde nadie quisiera tenerlo y salir vivos de una consulta con un gato que parece haber estudiado artes marciales. ¡Mentira! Los médicos veterinarios tenemos miedo. ¡Muchísimo miedo! Lo que sucede es que hemos aprendido a disimularlo detrás de un mandil, un estetoscopio y una expresión de seguridad que, en ocasiones, ni nosotros mismos nos creemos. Y es que nuestra profesión tiene sus propios monstruos. Algunos tienen cuatro patas, otros dos y los peores… ¡tienen WhatsApp! PRIMER MIEDO: EL TELÉFONO QUE SUENA A LAS DOS DE LA MADRUGADA. No existe sonido más at...
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