Amar También es Dejar Ir
Un homenaje a quienes amaron a su mascota con toda el alma
Por Carlos Arturo Bastidas Collantes
Hay despedidas que nadie nos enseña a enfrentar.
Nos preparan para muchas cosas en la vida. Nos enseñan a caminar, a estudiar, a trabajar, a luchar por nuestros sueños. Pero nadie nos enseña qué hacer cuando debemos mirar a los ojos a ese ser que nos acompañó durante años y comprender que ha llegado el momento de dejarlo descansar.
Porque una mascota nunca es solamente una mascota.
Es quien estuvo presente en los días buenos y en los días difíciles. Es quien celebró nuestros regresos sin importar cuántas veces nos hubiéramos ido. Es quien escuchó nuestros silencios cuando las palabras ya no alcanzaban. Es quien nos amó sin condiciones, sin intereses y sin exigir nada a cambio.
Por eso duele tanto.
Porque cuando llega la enfermedad, cuando los años pesan, cuando el cuerpo comienza a rendirse y la medicina ya no puede devolver aquello que el tiempo se llevó, nos encontramos frente a una de las decisiones más difíciles que puede tomar un ser humano.
Y entonces aparece la culpa.
"¿Y si espero un poco más?"
"¿Y si existe otro tratamiento?"
"¿Y si estoy renunciando demasiado pronto?"
Son preguntas normales. Son preguntas nacidas del amor.
Pero hay algo que quienes aman profundamente a sus animales deben recordar: el verdadero amor no consiste solamente en aferrarse.
A veces, el amor más grande es el que tiene el valor de soltar.
Porque amar no es pedirle a quien amamos que permanezca a nuestro lado a cualquier precio.
Amar es pensar en su bienestar incluso cuando nuestro corazón se rompe.
Amar es elegir la paz de quien sufre antes que nuestra necesidad de seguir teniéndolo cerca.
Amar es comprender que la vida no se mide únicamente por cuánto tiempo permanecimos juntos, sino por cuánto amor compartimos mientras estuvimos juntos.
Si hoy estás atravesando ese momento difícil, quiero que sepas algo.
Tu mascota conoce tu amor.
Lo conoció cuando la alimentaste.
Cuando la llevaste al veterinario.
Cuando pasaste noches sin dormir cuidándola.
Cuando gastaste tiempo, dinero y energías intentando ayudarla.
Cuando lloraste en silencio para que ella no notara tu tristeza.
Los animales tienen una capacidad extraordinaria para reconocer el amor verdadero.
Y el tuyo lo han sentido cada día de su vida.
Quizá ahora, mientras la observas descansar, quisieras escuchar una última conversación.
Quizá quisieras preguntarle si está bien.
Quizá quisieras saber qué piensa.
Y si pudiera responderte, probablemente diría algo muy sencillo:
"Gracias."
Gracias por haberme elegido.
Gracias por cada caricia.
Gracias por cada juego.
Gracias por cada paseo.
Gracias por haber sido mi familia.
Y después añadiría algo más:
"No estés triste para siempre."
Porque quienes nos aman de verdad no quieren convertirse en una herida eterna.
Quieren transformarse en un recuerdo hermoso.
Tu compañero de vida no querría verte atrapado en el dolor.
Querría verte sonreír al recordar sus travesuras.
Querría verte contar historias sobre él.
Querría que cada lágrima que hoy derramas se transforme algún día en gratitud.
Porque tuvo una vida maravillosa.
Porque fue amado.
Porque perteneció a una familia.
Porque fue importante.
Y eso es mucho más de lo que millones de animales en el mundo llegan a conocer.
Dicen que al final del camino existe un puente de colores llamado el Arcoíris.
Un lugar donde los cuerpos cansados vuelven a ser fuertes, donde el dolor desaparece y donde los amigos esperan.
No importa si creemos en esa imagen de manera literal o simbólica.
Lo verdaderamente importante es entender lo que representa.
Representa esperanza.
Representa reencuentro.
Representa la certeza de que el amor nunca desaparece por completo.
Porque el amor auténtico deja huellas que ni la muerte puede borrar.
Tu mascota seguirá viviendo en cada fotografía.
En cada rincón de la casa.
En cada anécdota familiar.
En cada sonrisa inesperada.
En cada enseñanza que dejó en tu corazón.
Y mientras exista alguien que la recuerde con amor, una parte de ella seguirá aquí.
Por eso, si hoy debes decir adiós, hazlo sin vergüenza de llorar.
Llora.
Abraza.
Agradece.
Despídete.
Y cuando llegue el momento, susúrrale al oído todo aquello que siempre quisiste decirle.
Porque aunque el cuerpo se canse, el amor permanece.
Y los grandes amores nunca terminan realmente.
Simplemente cambian de forma.
Algún día, cuando el dolor haya cedido espacio a la gratitud, recordarás a tu compañero y sonreirás.
Y quizás, en algún lugar más allá de nuestra comprensión, una cola volverá a moverse de felicidad al verte llegar.
Hasta entonces, vive.
Ama.
Recuerda.
Con cariño para la Dra. Velasco y Pepe
Y honra su memoria siendo tan feliz como él siempre quiso verte.
Porque amar también es dejar ir.
Y porque ningún adiós puede borrar una historia escrita con amor verdadero.
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