Ir al contenido principal

¿Nos Mintieron? La Dura Realidad de Ser Médico Veterinario en Latinoamérica Por Carlos A. Bastidas C.

 ¿Nos Mintieron? La Dura Realidad de Ser Médico Veterinario en Latinoamérica


Por Dr. Msc. Carlos A. Bastidas C.


Hay preguntas que incomodan.


Preguntas que duelen.


Preguntas que muchos prefieren evitar porque obligan a mirar una realidad que no coincide con los sueños con los que alguna vez ingresamos a la universidad.


¿Se respetan realmente los derechos laborales de los médicos veterinarios en Latinoamérica?


¿Existe demasiada oferta universitaria?


¿Es posible que todos los graduados encuentren un empleo digno, especialmente en el área de pequeñas especies?


La respuesta corta es dolorosa es  no siempre.


Y la respuesta larga merece ser escuchada.


Porque la Medicina Veterinaria es una de las profesiones más nobles del mundo, pero también una de las más sacrificadas y, paradójicamente, una de las menos protegidas.


Entramos a la universidad movidos por el amor a los animales.


Nos prometen una carrera llena de oportunidades, crecimiento y estabilidad.


Nos hablan de vocación.


Nos hablan de pasión.


Pero pocas veces nos hablan de salarios insuficientes, jornadas interminables, agotamiento emocional y una competencia feroz por un mercado laboral cada vez más saturado.


En muchos países de Latinoamérica, los médicos veterinarios trabajan más de diez horas al día.


Atienden emergencias en la madrugada.


Realizan cirugías complejas.


Sostienen emocionalmente a familias enteras cuando una mascota está enferma.


Y aun así, muchos reciben remuneraciones que no reflejan su preparación ni la responsabilidad que asumen.


Algunos no cuentan con contratos adecuados.


Otros no reciben horas extras.


Muchos trabajan sin seguridad laboral.


Y no faltan quienes son obligados a aceptar condiciones indignas porque saben que, detrás de ellos, existe una larga fila de profesionales buscando la misma oportunidad.


Eso no es pasión.


Eso es precarización.


Y debemos decirlo sin miedo.


Porque amar una profesión no significa aceptar abusos.


Pero hay otro tema aún más complejo.


La proliferación indiscriminada de facultades de Medicina Veterinaria.


Cada año se gradúan miles de nuevos profesionales.


Muchos son excelentes.


Otros llegan con vacíos enormes en su formación.


Pero todos salen a competir por un mercado que no ha crecido al mismo ritmo.


El resultado es predecible.


Más oferta.


Menos oportunidades.


Mayor competencia.


Menores salarios.


Y una presión constante por sobrevivir profesionalmente.


No es culpa del estudiante.


No es culpa del recién graduado.


Tampoco es culpa exclusiva de las universidades.


El problema es más profundo.


Hemos permitido que la educación superior se convierta, en muchos casos, en un negocio.


Abrimos las puertas a cientos de jóvenes llenos de ilusiones sin preguntarnos si el mercado laboral podrá recibirlos.


Les enseñamos anatomía.


Les enseñamos fisiología.


Les enseñamos cirugía.


Pero pocas veces les enseñamos finanzas, administración, liderazgo, marketing o inteligencia emocional.


Y cuando se gradúan, descubren que saber medicina no siempre es suficiente para vivir de ella.


El área de pequeñas especies merece una reflexión aparte.


Es probablemente el campo más deseado.


Todos soñamos con tener una clínica.


Todos soñamos con atender perros y gatos.


Todos soñamos con convertir nuestra pasión en nuestro proyecto de vida.


Pero la realidad es más compleja.


Las clínicas veterinarias se multiplican.


La competencia aumenta.


Los costos operativos crecen.


Y muchos colegas descubren que abrir un negocio no garantiza estabilidad económica.


Peor aún.


Existe una peligrosa tendencia a competir bajando precios.


Como si el conocimiento pudiera rematarse.


Como si una cirugía fuera una mercancía.


Como si años de estudio pudieran resumirse en una promoción.


Y cuando una profesión pierde la capacidad de valorar su propio trabajo, inevitablemente pierde prestigio ante la sociedad.


No podemos construir un futuro digno sobre la base de la desvalorización.



Pero este ensayo no pretende sembrar desesperanza.


Al contrario.


Pretende despertar conciencia.


Porque la Medicina Veterinaria sigue siendo una profesión extraordinaria.


Sigue cambiando vidas.


Sigue salvando animales.


Sigue acompañando familias.


Sigue siendo un privilegio ejercerla.


Pero debemos evolucionar.


Debemos exigir mejores condiciones laborales.


Debemos fortalecer nuestros colegios y asociaciones profesionales.


Debemos pedir mayor control sobre la apertura de nuevas carreras y una educación de excelencia.


Debemos enseñar a los estudiantes la realidad del mercado laboral.


Y debemos entender que el éxito profesional ya no depende únicamente de ser un gran clínico.


También depende de innovar.


De especializarse.


De investigar.


De emprender.


De comunicar.


De liderar.


A los estudiantes les digo:


No abandonen sus sueños.


Pero tampoco idealicen la profesión.


Prepárense más que nadie.


Aprendan idiomas.


Dominen nuevas tecnologías.


Desarrollen habilidades empresariales.


Construyan una marca personal.


Sean diferentes.


Porque el futuro no pertenecerá al veterinario que haga lo mismo que todos.


Pertenecerá a quien aporte algo único.



Y a mis colegas les digo algo que nace desde el respeto y la admiración:


No normalicemos el cansancio extremo.


No romantizamos los salarios injustos.


No aceptemos el maltrato laboral.


No tengamos miedo de hablar de dinero.


No tengamos miedo de exigir respeto.


Porque cuidar animales es una misión hermosa.


Pero quienes los cuidamos también merecemos vivir con dignidad.


Tal vez la pregunta no sea si hay demasiados veterinarios.


Tal vez la verdadera pregunta sea:


¿Qué estamos haciendo como sociedad para que una profesión tan necesaria no reciba el reconocimiento que merece?


El día que respondamos esa pregunta con honestidad, habremos dado el primer paso para cambiar la historia.


Y ese cambio no empezará en los gobiernos.


Ni en las universidades.


Ni en las asociaciones.


Empezará cuando cada veterinario entienda algo fundamental:


La vocación es invaluable.


Pero la dignidad profesional no es negociable.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cuando el Error es Maestro y la Soberbia un Obstáculo

Cuando el Error es Maestro y la Soberbia un Obstáculo Por Carlos Arturo Bastidas Collantes Dicen que el conocimiento te da poder, pero el verdadero poder está en saber usarlo con humildad. En la medicina veterinaria, como en la vida, todos fallamos. A veces porque decidimos rápido, otras porque confiamos demasiado o simplemente porque aún no sabemos lo suficiente. Pero cuando presenciamos el error de otro colega, ¿cómo debemos actuar? ¿Desde la cima de un ego inflado o desde la compasión de quien también ha tropezado? La respuesta es sencilla y brutalmente honesta: no somos Dios. Ni tú, ni yo, ni el PhD de peluquín que inspiró estas líneas con su falta de tacto y exceso de soberbia. Por eso, antes de levantar el dedo acusador, conviene mirarse las manos. Todos hemos tenido momentos donde, de haber sido grabados, nos habríamos ganado más de un meme y menos de una estrella. El error ajeno no debe ser pretexto para juzgar, sino oportunidad para educar. Y esa educación no se grita en públi...

¿Por Qué los Niños Quieren Ser Veterinarios?

¿Por Qué los Niños Quieren Ser Veterinarios ? Por Carlos Arturo Bastidas Collantes Hay una edad mágica en la que los sueños todavía no conocen el miedo al fracaso. Es esa etapa luminosa en la que un niño puede querer ser astronauta, mago, bombero o veterinario sin que nadie le diga que es difícil, que no hay dinero, que es muy largo el camino. Es ahí, en ese rincón ingenuo y valiente de la infancia, donde nace con fuerza una de las vocaciones más nobles que puede tener el corazón humano: la de cuidar a los animales. La primera razón por la que un niño sueña con ser veterinario es simple: ama sin condiciones. Ese amor instintivo que lo lleva a abrazar a su perro, a salvar a un insecto del agua o a llorar con el final de una película de caballos. En un mundo cada vez más apurado y desalmado, los niños todavía tienen tiempo para mirar a los ojos a un gato y ver allí un ser vivo que merece respeto, cariño y protección. Ellos no necesitan que nadie les enseñe empatía, porque la traen de ser...

“31 de Octubre: El Día en que Celebramos a Quienes Curamos con Ciencia, Alma y Lodo en los Zapatos”

  “31 de Octubre: El Día en que Celebramos a Quienes Curamos con Ciencia, Alma y Barro en los Zapatos” Por Carlos A. Bastidas C. Hoy amanecí con el corazón apretado. Mi querido equipo perdió la semifinal de la Copa Libertadores, y confieso que me dolió… porque uno también ama esos colores que lo acompañan desde niño. Pero justo cuando la tristeza me quería ganar el día, recordé algo mucho más grande,  ¡hoy es 31 de octubre, el Día del Médico Veterinario Ecuatoriano! Y entonces sonreí. Sonreí porque, más allá del marcador, tengo muchos motivos para celebrar. Tengo una familia hermosa que me sostiene, unos hijos que me inspiran, una esposa que me acompaña en cada batalla, y un gran equipo de amigos y colegas que trabajan hombro a hombro conmigo en la clínica, dejando el alma por cada vida que atendemos. Y me di cuenta de algo,  la vida, al igual que la veterinaria, se gana con el corazón. No todos los héroes usan capa. Algunos usamos bata, botas llenas de lodo, o ...