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¡YA BASTA! ¿CUÁNDO VAMOS A EMPEZAR A RESPETAR A LOS VETERINARIOS? Por Carlos A. Bastidas C.

 ¡YA BASTA! ¿CUÁNDO VAMOS A EMPEZAR A RESPETAR A LOS VETERINARIOS? Por Carlos A. Bastidas C.


Ya basta.

Lo vengo diciendo desde hace tiempo y cada vez tengo más claro que, si los propios veterinarios no levantamos la voz, nadie lo va a hacer por nosotros.

El video que acabo de ver sobre el MVZ Francisco Paredes en Puebla, MÉXICO  vuelve a poner sobre la mesa un problema que se ha convertido en una verdadera enfermedad de nuestra profesión, la falta de respeto hacia el médico veterinario, la normalización de la agresión y esa absurda idea de que atender a un animal debe ser barato, gratuito o prácticamente un acto de caridad.

Y no.

¡NO!

¿Quién carajo se creen algunos para insultar, humillar, amenazar o cuestionar de esa manera a un profesional que está intentando salvar la vida de un animal?

¿Desde cuándo estudiar años, invertir en formación, pagar equipos, mantener una clínica, contratar personal, comprar medicamentos, reactivos, material quirúrgico, asumir servicios básicos, impuestos, mantenimiento y además cargar con la responsabilidad de tomar decisiones médicas… dejó de tener valor?

¿Desde cuándo el veterinario tiene que sentir vergüenza de cobrar?

Porque parece que estamos llegando a un punto ridículo, el tutor quiere medicina de primer nivel, tecnología, laboratorio, ecografía, cirugía, hospitalización, anestesia, medicamentos y atención inmediata… pero pretende pagar como si estuviera comprando una funda de comida.

Y cuando llega la factura, el malo es el veterinario.

¡Ya basta!

SER TUTOR RESPONSABLE TAMBIÉN SIGNIFICA TENER CAPACIDAD ECONÓMICA

Hay algo que tenemos que empezar a decir sin miedo y sin pedir disculpas:

Tener un animal de compañía implica una responsabilidad económica.

Así como nadie debería comprar un automóvil sin considerar gasolina, mantenimiento, matrícula, reparaciones y seguro, tampoco debería adquirir un animal pensando únicamente en cuánto cuesta alimentarlo.

Porque un perro o un gato se enferma.

Puede necesitar una cirugía.

Puede sufrir un accidente.

Puede desarrollar cáncer.

Puede necesitar hospitalización.

Puede necesitar una transfusión.

Puede presentar una emergencia a las tres de la mañana.

Y sí:

todo eso cuesta dinero.

No porque el veterinario sea un ladrón.

No porque quiera "aprovecharse".

No porque "se lucre con el sufrimiento".

Sino porque la medicina cuesta.

Y detrás de cada procedimiento existen profesionales, infraestructura, tecnología, medicamentos, insumos y años de preparación.

El amor por los animales no paga una anestesia.

El cariño no compra un antibiótico.

Una publicación de Facebook no paga una cirugía.

Y una reseña de una estrella tampoco convierte mágicamente una clínica en una institución de beneficencia.

EL VETERINARIO NO ES EL ENEMIGO

Tenemos que acabar con esa narrativa.

El veterinario no es el enemigo porque cobre.

El veterinario no es una mala persona porque diga cuánto cuesta un procedimiento.

El veterinario no está obligado a trabajar gratis.

Y cobrar justamente por nuestro trabajo NO nos hace menos amantes de los animales.

De hecho, muchas veces ocurre exactamente lo contrario.

Un profesional que cobra correctamente puede invertir en mejores equipos, capacitación, infraestructura, medicamentos, personal y protocolos.

Puede ofrecer una medicina más segura.

Puede mantenerse actualizado.

Puede pagar dignamente a sus colaboradores.

Puede sostener una clínica abierta para atender emergencias.

Eso también es bienestar animal.

Pero durante décadas hemos permitido que se instale una idea peligrosísima, que el veterinario debe sacrificar su economía porque "ama a los animales".

¿Acaso al abogado le pedimos que trabaje gratis porque ama la justicia?

¿Al ingeniero le pedimos que construya gratis porque le gustan los edificios?

¿Al odontólogo le exigimos que regale los tratamientos porque le gustan las personas?

Entonces, ¿por qué al veterinario sí?

Y A LOS COLEGAS: TAMBIÉN TENEMOS QUE HACERNOS CARGO

Pero aquí también tenemos que hacer una autocrítica.

Durante demasiado tiempo hemos sido nosotros mismos quienes hemos contribuido a devaluar nuestra profesión.

Veterinarios que cobran cualquier cosa.

Veterinarios que regalan consultas.

Veterinarios que trabajan por debajo de sus costos.

Veterinarios que sienten culpa al entregar una factura.

Veterinarios que tienen miedo de decir cuánto vale su trabajo porque "el cliente se puede ir".

Y después nos sorprendemos de que la sociedad piense que nuestro trabajo vale poco.

Si nosotros no valoramos nuestra profesión, difícilmente podemos exigir que los demás la valoren.

Tenemos que aprender a cobrar.

Tenemos que aprender a explicar.

Tenemos que aprender a presupuestar.

Tenemos que establecer límites.

Tenemos que dejar de sentir vergüenza por decir:

"Esto cuesta tanto."

Y, sobre todo, tenemos que dejar de aceptar agresiones como parte normal de nuestro trabajo.

NO SOMOS DIOS, PERO TAMPOCO SOMOS ESCLAVOS

El veterinario puede equivocarse.

El veterinario puede ser criticado.

El veterinario puede recibir una reclamación.

Por supuesto.

Somos seres humanos y debemos responder profesionalmente cuando cometemos errores.

Pero una cosa es reclamar y otra muy diferente es insultar, amenazar, humillar, acosar o intentar destruir públicamente a un profesional porque no estamos de acuerdo con el precio de un tratamiento.

Eso no es defensa animal.

Eso no es tenencia responsable.

Eso no es activismo.

Eso es violencia.

Y tenemos que empezar a decirlo con todas sus letras.

Mi solidaridad absoluta con el colega afectado.

Porque detrás de ese uniforme, de esa bata y de ese consultorio hay una persona.

Una persona que probablemente estudió durante años, que sacrificó tiempo, dinero y vida personal para ejercer una profesión que ama.

Una persona que también tiene familia.

Que también tiene cuentas.

Que también se enferma.

Que también se cansa.

Que también puede sentir miedo.

Y que merece respeto.

EL AMOR POR LOS ANIMALES NO PUEDE CONVERTIRSE EN ODIO HACIA QUIEN LOS ATIENDE

Esto es algo que debemos entender de una vez.

Se puede amar profundamente a los animales y, al mismo tiempo, entender que la medicina veterinaria tiene un costo.

Se puede defender el bienestar animal sin destruir al profesional que intenta proporcionarlo.

Se puede reclamar sin insultar.

Se puede pedir una segunda opinión.

Se puede buscar otra alternativa.

Se puede decir "no puedo pagar este tratamiento".

Pero lo que no podemos normalizar es:

"Como no puedo pagarlo, entonces el veterinario es un miserable."

No.

Si no puedes asumir un tratamiento, dilo.

El veterinario podrá explicarte las alternativas disponibles.

Pero la incapacidad económica no convierte automáticamente al profesional en responsable de solucionar tu problema financiero.

Y esta frase puede resultar incómoda, pero alguien tiene que decirla:

La responsabilidad de tener un animal no empieza cuando aparece la enfermedad. Empieza el día que decides tenerlo.

Y dentro de esa responsabilidad está contemplar los gastos médicos.

Ahorrar.

Prever.

Contratar un seguro cuando exista esa posibilidad.

Tener un fondo para emergencias.

Y, sobre todo, entender que un animal no es un juguete que solamente genera gastos cuando está sano.

YA ES HORA DE CAMBIAR

Yo no quiero una profesión donde el veterinario tenga miedo de cobrar.

No quiero veterinarios trabajando exhaustos por salarios miserables.

No quiero colegas aceptando insultos porque necesitan conservar al cliente.

No quiero clínicas compitiendo por quién cobra menos.

No quiero que el precio sea el único criterio para elegir medicina veterinaria.

Quiero una profesión respetada, digna, sostenible y valorada.

Y para eso también nosotros tenemos que cambiar.

Tenemos que dejar de regalar nuestro trabajo.

Tenemos que profesionalizar nuestras clínicas.

Tenemos que educar a nuestros clientes.

Tenemos que explicar el verdadero costo de hacer medicina.

Tenemos que poner límites.

Y tenemos que respaldarnos entre colegas.

Porque mañana puede ser otro veterinario.

Pasado mañana puedes ser tú.

Y si seguimos callados, si seguimos justificando las agresiones, si seguimos pensando que "así es el negocio", el problema no va a desaparecer.

Así que sí:

¡YA BASTA!

Basta de denigrar al veterinario.

Basta de creer que cobrar es abusar.

Basta de exigir medicina de calidad a precio de regalo.

Basta de utilizar el amor por los animales como arma para manipular emocionalmente al profesional.

Basta de normalizar la violencia contra quienes dedican su vida a cuidar a nuestros animales.

Respetemos al animal.

Pero también respetemos al profesional que lo atiende.

Porque detrás de cada veterinario hay años de estudio, sacrificios, noches sin dormir, decisiones difíciles, pacientes que se fueron y pacientes que logramos salvar.

Y todo eso tiene un valor.

No somos héroes por trabajar gratis.

No somos mejores veterinarios por cobrar menos.

Y no somos menos amantes de los animales por querer vivir dignamente de nuestra profesión.

Ya es hora de que la sociedad lo entienda.

Y ya es hora de que nosotros, los veterinarios, también nos lo creamos.

**¡Nuestra profesión merece respeto!**

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