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Confesiones de un veterinario que jamás podrá decir en voz alta (Porque la ética profesional existe... aunque a veces nos cueste años de vida) por C.A.B.C

 Confesiones de un veterinario que jamás podrá decir en voz alta


(Porque la ética profesional existe... aunque a veces nos cueste años de vida) por C.A.B.C


Ser veterinario es una profesión maravillosa.


Dicen.


Porque la realidad es que uno entra a la universidad pensando que va a salvar animales...


...y termina especializándose en diplomacia internacional con seres humanos.


Los pacientes, en realidad, son la parte más sencilla del trabajo.


Los perros jamás mienten.


Los gatos, aunque finjan odiarte, tampoco.


El verdadero desafío siempre entra caminando en dos patas.


Y suele comenzar la consulta con una frase inolvidable:


—Doctor... no sé qué le pasó.


Traducción:


"Sé perfectamente qué pasó, pero todavía no quiero asumir mi parte de responsabilidad."


---


Existe una ley universal que jamás ha sido publicada.


Mientras más grave está el paciente, más veces el tutor dice: "ayer estaba perfecto".


Perfecto.


Con diez días sin comer.


Tres semanas bajando de peso.


Cinco meses tosiendo.


Y un tumor que ya tiene código postal.


Pero ayer...


ayer estaba perfecto.


---


Otra maravilla de la evolución humana.


El tutor que no tiene dinero para un hemograma...


...pero llega con un teléfono que reconoce su cara, su huella digital y probablemente también su signo zodiacal.


"No doctor... está muy caro."


Claro.


Lo caro no era el celular.


Lo caro era cuidar al ser vivo que decidiste tener.


---


Después aparece el investigador científico.


Graduado en la prestigiosa Universidad de TikTok.


Con posgrado en Facebook.


Y doctorado honoris causa en "Mi vecina me dijo".


Llega con el diagnóstico hecho.


Con el tratamiento decidido.


Con tres remedios caseros.


Y únicamente necesita un veterinario...


...para que firme la receta que él ya inventó.


---


Existe además un fenómeno paranormal.


Las enfermedades siempre aparecen...


...el viernes a las ocho de la noche.


Aunque llevan evolucionando desde hace quince días.


Y cuando uno pregunta por qué no consultó antes...


la respuesta es inolvidable.


"Pensé que se le iba a pasar."


La frase favorita de las bacterias.


De los tumores.


De la insuficiencia renal.


Y de todos los parásitos del planeta.


---


Hay tutores que creen que los veterinarios cobramos por respirar.


"Solo lo revisó cinco minutos."


No.


Lo revisé cinco minutos...


después de estudiar más de una década para saber exactamente qué buscar durante esos cinco minutos.


Michelangelo tardaba minutos en pintar un detalle.


Nadie le pagaba por los minutos.


Le pagaban por los años.


---


Después está el filósofo.


"Doctor... pero ¿qué habría hecho usted si fuera su perro?"


Pregunta peligrosa.


Porque si fuera mi perro...


habría venido hace dos semanas.


Tendría vacunas al día.


Desparasitación.


Chequeos preventivos.


Seguro médico si existiera.


Y no estaría preguntando en Facebook si el ajo cura el parvovirus.


---


Hay personas que dicen amar a sus mascotas "como hijos".


Qué frase tan bonita.


Hasta que uno revisa al paciente.


Obesidad mórbida.


Sarna desde Navidad.


Dientes convertidos en fósiles.


Uñas capaces de escalar montañas.


Otitis que ya conoce tres generaciones de bacterias.


Y entonces uno piensa...


Menos mal no todos educan así a sus hijos.


---


Y hablemos del deporte favorito de algunos.


La automedicación.


Ibuprofeno.


Diclofenaco.


Paracetamol.


Antibióticos vencidos.


Vitaminas del abuelo.


Jarabe del niño.


Aceite de coco.


Agua bendita.


Solo falta agregar combustible de avión...


por si acaso funciona.


---


Existe un momento hermoso.


Cuando uno recomienda hospitalización.


Y escuchan el precio.


De inmediato el perro deja de estar grave.


"Mejor lo observo en la casa."


Curiosamente...


la observación domiciliaria consiste en acostarlo en una cobija...


tomarle una foto...


subirla a Facebook...


y esperar un milagro.


---


Los veterinarios tenemos memoria.


Recordamos perfectamente quién rechazó los exámenes.


Quién suspendió el tratamiento.


Quién nunca regresó al control.


Quién alimentó con huesos después de advertirle veinte veces que no lo hiciera.


Pero jamás lo diremos.


Porque nuestra obligación es seguir intentando salvar al paciente.


Aunque el paciente sea víctima de las decisiones de quien más debía protegerlo.


---


Y cuando, pese a todo, el desenlace no es el esperado...


aparece la frase inmortal.


"El veterinario lo mató."


Qué conveniente.


Jamás fue la consulta tardía.


Jamás la enfermedad avanzada.


Jamás el tratamiento incompleto.


Jamás las recomendaciones ignoradas.


Jamás el "no tuve tiempo".


Jamás el "no tenía dinero".


Jamás el "después lo traigo".


Siempre...


siempre es culpa del veterinario.


Porque aceptar la propia responsabilidad pesa más que señalar con el dedo.


---


Pero aquí viene la parte incómoda.


Los veterinarios no sufrimos únicamente cuando muere un paciente.


Sufrimos mucho antes.


Cuando vemos enfermedades que pudieron prevenirse.


Cuando sabemos que una vacuna habría cambiado la historia.


Cuando una esterilización habría evitado un cáncer.


Cuando un examen a tiempo habría salvado un riñón.


Cuando una consulta hace un mes habría evitado una cirugía.


Lo vemos venir...


y aun así debemos esperar.


Porque la decisión nunca fue nuestra.


---


Las mascotas no eligen dónde vivir.


No eligen qué comer.


No eligen cuándo ir al médico.


No eligen vacunarse.


No eligen esterilizarse.


No eligen desparasitarse.


No eligen esperar diez días con dolor.


Ellas dependen absolutamente de una persona.


De ti.


Por eso, cuando decides compartir tu vida con un animal, no adoptas únicamente un compañero.


Adoptas una responsabilidad.


Una promesa silenciosa.


La promesa de hablar por quien no puede hacerlo.


De actuar antes de que sea demasiado tarde.


De proteger antes que lamentar.


Porque el amor verdadero no se demuestra diciendo:


"Es como mi hijo."


Se demuestra haciendo todo lo necesario para que nunca tenga que sufrir por nuestra indiferencia.


Y si este ensayo te hizo reír... probablemente eres veterinario.


Si te hizo sentir incómodo... quizá era justamente el momento de preguntarte si realmente estás siendo el tutor que tu mejor amigo merece.


Porque al final del día, los animales siempre cumplen su parte del trato.


La pregunta es...


¿Nosotros cumplimos la nuestra?

Comentarios

  1. Me puse a llorar , gracias por compartir es muy importante tener en cuenta todo ésto siempre , ustedes saben más que los que solo tenemos À un animalito

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