EL SÍNDROME DEL RECOMENDADO EN MEDICINA VETERINARIA DE PEQUEÑAS ESPECIES por Carlos A. Bastidas C.
Cuando la confianza puede convertirse en un riesgo clínico, ético y profesional
Hay una frase que probablemente todos los médicos veterinarios hemos escuchado alguna vez:
“Doctor, vengo recomendado por…”
Y aparentemente no hay nada malo en ella.
Al contrario. Que un colega, un amigo, un cliente satisfecho, un profesional de otra área o una persona de confianza recomiende nuestro trabajo debería ser motivo de satisfacción. Significa que alguien confía en nuestra capacidad profesional y está dispuesto a poner el bienestar de su animal en nuestras manos.
El problema comienza cuando esa recomendación deja de ser simplemente una forma de llegar a la consulta y empieza a modificar la manera en que ejercemos la medicina.
Ahí aparece lo que en medicina humana se ha denominado “síndrome del recomendado”, también conocido como recommended patient syndrome o VIP syndrome. No se trata de una enfermedad ni de un diagnóstico médico convencional. Es un fenómeno descrito en la práctica clínica en el cual, por querer ofrecer una atención “especial”, el profesional puede terminar alejándose de los procedimientos, protocolos y criterios que normalmente utilizaría con cualquier otro paciente.
Y considero que este fenómeno merece ser discutido seriamente dentro de la medicina veterinaria de pequeñas especies.
Porque nuestros pacientes no pueden defenderse de nuestros sesgos.
El perro no sabe que su tutor es amigo del médico.
El gato no sabe que pertenece a la familia de un colega.
El paciente hospitalizado no sabe que su propietario es una persona influyente.
Y mucho menos comprende que alguien llamó previamente para decir:
“Doctor, por favor, trátelo especialmente; es mi recomendado.”
El paciente solamente necesita que tomemos decisiones correctas.
EL PROBLEMA NO ES EL RECOMENDADO, ES LO QUE HACEMOS CON LA RECOMENDACIÓN
Debemos comenzar por una distinción fundamental.
Un paciente recomendado no necesariamente es un paciente problemático.
El problema aparece cuando la recomendación genera una excepción clínica, administrativa o económica que no tiene una justificación profesional objetiva.
La literatura médica describe que los pacientes considerados VIP pueden recibir tanto sobretratamiento como infratratamiento. El deseo de hacer “más” puede conducir a intervenciones innecesarias, mientras que la presión externa puede alterar el proceso normal de toma de decisiones. Una revisión publicada en 2024 concluyó precisamente que el síndrome del paciente recomendado puede incrementar riesgos, costos y problemas de satisfacción, y que una de las principales estrategias preventivas consiste en mantener protocolos, guías y líneas de autoridad claramente establecidos.
Y aquí encontramos el primer aprendizaje para la medicina veterinaria:
Un recomendado no debería recibir una medicina diferente.
Puede recibir una atención humana, empática, cercana y cuidadosamente explicada.
Pero el estándar médico debe ser el mismo.
CUANDO “HACERLE UN FAVOR” SE CONVIERTE EN UN ERROR MÉDICO
En la práctica veterinaria de perros y gatos esto puede manifestarse de muchas maneras.
“Doctor, como es recomendado, ¿podría verlo sin cita?”
“Doctor, hágale todos los exámenes.”
“Doctor, mejor hagamos una ecografía para estar seguros.”
“Doctor, ¿puede operarlo hoy mismo?”
“Doctor, no le cobre la consulta.”
“Doctor, yo le recomendé a mi amigo; por favor atiéndalo como si fuera de la familia.”
Cada una de estas solicitudes puede parecer inocente.
Pero cuando acumulamos varias de ellas, podemos terminar construyendo un escenario en el que el paciente deja de ser tratado de acuerdo con sus necesidades clínicas y empieza a ser tratado de acuerdo con quién es su propietario o quién lo recomendó.
Y eso representa un problema ético.
La guía actual del Royal College of Veterinary Surgeons, actualizada en 2025, reconoce que la cercanía social entre veterinarios y clientes puede dificultar la separación entre las relaciones personales y profesionales. Por esa razón recomienda mantener límites profesionales adecuados y señala que, aunque un veterinario puede atender animales de familiares o amigos, deben mantenerse las obligaciones profesionales, los registros clínicos y el consentimiento informado, colocando siempre los intereses del animal en el centro.
El College of Veterinarians of Ontario publicó igualmente en 2025 una posición específica sobre límites profesionales. Allí se destaca que la relación veterinario-cliente tiene un desequilibrio de poder inherente y que, incluso cuando se atiende a familiares o amigos, es necesario conservar la objetividad profesional.
Esto es extremadamente importante.
Porque muchas veces creemos que el riesgo está únicamente en hacer algo incorrecto.
Pero también existe riesgo en hacer demasiado.
MÁS EXÁMENES NO SIGNIFICA NECESARIAMENTE MEJOR MEDICINA
Uno de los errores más frecuentes del síndrome del recomendado es el llamado sesgo de intervención.
Cuando el paciente nos importa especialmente, queremos reducir nuestra incertidumbre.
Y frente a la incertidumbre podemos sentir la necesidad de hacer más.
Más análisis.
Más imágenes.
Más controles.
Más medicamentos.
Más procedimientos.
Más especialistas.
Más hospitalización.
Pero la medicina basada en evidencia no funciona bajo el principio de:
“Mientras más hagamos, mejor.”
Funciona bajo una pregunta mucho más difícil:
“¿Qué necesita realmente este paciente?”
La revisión de 2024 sobre el síndrome del paciente recomendado señala precisamente que el fenómeno puede producir tanto sobretratamiento como infratratamiento. La presión generada por la condición de VIP puede alterar el juicio clínico y conducir a intervenciones que no necesariamente están justificadas.
En medicina veterinaria esto tiene una implicación enorme.
Si un paciente presenta vómito agudo, no debemos pedir diez pruebas simplemente porque el propietario es amigo nuestro.
Si un perro presenta una dermatitis compatible con una enfermedad frecuente, no debemos construir una batería diagnóstica desproporcionada solamente porque “queremos quedar bien”.
Si un gato aparentemente sano viene para un control preventivo, debemos decidir los exámenes según su edad, antecedentes, examen físico, factores de riesgo y medicina preventiva, no según la presión de demostrar que estamos haciendo una medicina “de primer nivel”.
La buena medicina no es la que hace más.
Es la que justifica lo que hace.
TAMBIÉN EXISTE EL ERROR CONTRARIO: HACER MENOS
Aquí aparece una paradoja.
A veces pensamos que el recomendado siempre recibe “más”.
No necesariamente.
También puede recibir menos.
¿Por qué?
Porque conocemos personalmente al propietario.
Porque creemos que “ya sabemos” cómo es el paciente.
Porque suponemos que una situación no es grave.
Porque tenemos exceso de confianza.
Porque pensamos:
“Es de mi amigo, seguro que esto no es nada.”
Y precisamente ahí podemos caer en otro error.
La familiaridad puede generar automatismos y omisiones.
Una historia clínica incompleta.
Una exploración física superficial.
Un consentimiento verbal no documentado.
Una medicación que no se registra correctamente.
Una recomendación realizada por WhatsApp sin dejar constancia.
Una reevaluación que no se programa.
La literatura contemporánea sobre pacientes recomendados insiste en mantener sistemas formales de atención precisamente porque la familiaridad y la presión social pueden modificar el razonamiento clínico. Estudios cualitativos publicados recientemente también describen preocupaciones relacionadas con sobretratamiento, subtratamiento, pérdida de objetividad y dificultades para mantener una relación profesional cuando el paciente pertenece al círculo personal del médico.
Por eso una frase debería formar parte de nuestra cultura profesional:
“Precisamente porque usted es mi amigo, quiero hacer las cosas correctamente.”
EL RECOMENDADO NO DEBE SALTARSE EL PROTOCOLO
Aquí está probablemente uno de los mayores aprendizajes para las clínicas veterinarias.
Un protocolo no existe para complicar el trabajo.
Existe para proteger al paciente, al tutor, al médico y a la institución.
Si tenemos un protocolo para:
- identificación del paciente;
- historia clínica;
- examen físico;
- consentimiento informado;
- presupuestos;
- hospitalización;
- anestesia;
- cirugía;
- administración de medicamentos;
- alta médica;
- seguimiento;
entonces el recomendado debería pasar por ese mismo sistema.
No porque queramos ser fríos.
Sino porque queremos ser profesionales.
La evidencia reciente en medicina humana recomienda, frente a pacientes VIP, mantener las reglas institucionales, trabajar en equipo, establecer un médico responsable, asegurar comunicación efectiva y evitar que la condición especial del paciente determine la asignación de recursos.
En veterinaria podemos traducirlo de una manera muy sencilla:
El protocolo debe ser más fuerte que la recomendación.
EL PROBLEMA DE LOS HONORARIOS
Aquí entramos en un tema particularmente sensible en nuestra profesión.
El recomendado muchas veces viene acompañado de una expectativa:
“Como soy recomendado, ¿me puede hacer un descuento?”
Y nuevamente debemos separar dos conceptos.
Una cosa es establecer políticas de descuentos institucionales, transparentes y justificadas.
Otra completamente diferente es negociar el valor profesional de manera improvisada cada vez que alguien dice:
“Vengo recomendado.”
Las normas profesionales veterinarias contemporáneas reconocen que los descuentos pueden existir como decisiones comerciales legítimas, pero deben ser transparentes y registrarse adecuadamente; el RCVS, por ejemplo, señala que los descuentos pueden ser aceptables, pero no debe existir una falsa inflación del precio para aparentar un descuento y estos deben quedar claramente registrados.
Esto también debería hacernos reflexionar.
Si una clínica cobra determinada tarifa por una consulta, esa tarifa representa mucho más que los minutos que el médico permanece frente al paciente.
Representa años de formación.
Actualización científica.
Infraestructura.
Equipamiento.
Personal.
Laboratorio.
Sistemas de esterilización.
Medicamentos.
Bioseguridad.
Tiempo.
Responsabilidad profesional.
Y, sobre todo, responsabilidad sobre una vida.
Por eso debemos dejar de pensar que cobrar honorarios profesionales es incompatible con ser buenos médicos veterinarios.
La medicina veterinaria no puede construirse sobre la idea de que ser recomendado significa recibir atención gratuita.
EL DESCUENTO NO DEBE CONVERTIRSE EN UNA FORMA DE COMPRA DE LEALTAD
También debemos tener cuidado con el extremo contrario.
Una clínica puede desarrollar programas de fidelización, beneficios para clientes frecuentes o descuentos preventivos. Eso pertenece a la gestión empresarial y puede ser perfectamente legítimo si se diseña correctamente.
Lo que debemos evitar es que el descuento genere una relación de dependencia:
“Como te conseguí este precio, ahora tienes que atenderme siempre.”
O:
“Como soy amigo del doctor, tengo derecho a pasar primero.”
O:
“Yo te recomendé tantos clientes, así que mi cirugía debería costar menos.”
Aquí la relación profesional empieza a transformarse en una relación de favores.
Y cuando la medicina funciona por favores, pierde predictibilidad.
EL RECOMENDADO TAMBIÉN PUEDE GENERAR PRESIÓN SOBRE EL EQUIPO
Este punto suele olvidarse.
El síndrome del recomendado no afecta solamente al médico veterinario.
Afecta a toda la clínica.
Imaginemos que llega un paciente recomendado por una persona importante para el propietario de la clínica.
La recepción recibe la instrucción:
“A este paciente hay que darle prioridad.”
El auxiliar debe modificar el orden.
El médico debe interrumpir una consulta.
El laboratorio debe adelantar un examen.
El quirófano debe modificar su programación.
Otro paciente debe esperar.
Y todo esto puede ocurrir sin que exista una razón médica.
Entonces aparece una pregunta incómoda:
¿Estamos priorizando al paciente más grave o al paciente más influyente?
La medicina de calidad debería responder siempre:
al que más lo necesita desde el punto de vista clínico.
La revisión de 2024 sobre pacientes VIP denomina precisamente “chairperson's syndrome” al riesgo de que la asignación de personal y recursos se determine por el estatus del paciente en lugar de por su condición clínica.
Esta idea es perfectamente trasladable a una clínica veterinaria.
EL RECOMENDADO DEBE TENER LOS MISMOS DERECHOS, NO PRIVILEGIOS CLÍNICOS
Esto puede parecer contradictorio.
Pero no lo es.
El paciente recomendado tiene derecho a:
ser escuchado;
recibir información clara;
conocer sus opciones;
recibir un presupuesto;
obtener un consentimiento informado;
tener una historia clínica;
recibir atención oportuna;
conocer quién es responsable de su atención;
recibir medicina basada en evidencia;
ser tratado con respeto.
Pero eso no significa que tenga derecho a:
saltarse protocolos;
exigir medicamentos;
obligar a realizar pruebas innecesarias;
interrumpir una emergencia;
recibir atención gratuita;
modificar la prioridad clínica;
exigir información confidencial;
o condicionar el criterio médico.
La diferencia entre atención personalizada y privilegio clínico es fundamental.
LA MEDICINA VETERINARIA MODERNA NECESITA APRENDER A DECIR “NO”
Creo que uno de los mayores problemas de nuestra profesión es que muchas veces confundimos ser buenos profesionales con complacer a todos.
Y no.
Un buen médico veterinario no es el que siempre dice sí.
Es el que puede decir:
“No considero indicado ese examen.”
“No voy a utilizar ese medicamento porque no está indicado para este paciente.”
“Necesito realizar primero el examen físico.”
“No puedo garantizar ese resultado.”
“El procedimiento tiene estos riesgos.”
“Esta es la alternativa que considero más apropiada.”
Y también:
“Aunque usted venga recomendado, debo seguir el mismo protocolo.”
Decirlo con educación no disminuye nuestra calidad humana.
La aumenta.
LA ECONOMÍA DEL PACIENTE TAMBIÉN DEBE SER MANEJADA CON ÉTICA
No podemos hablar del recomendado sin hablar de dinero.
La medicina veterinaria contemporánea reconoce que las limitaciones económicas de los tutores pueden generar conflictos éticos importantes para los equipos veterinarios. La iniciativa Spectrum of Care de la AAVMC, publicada en 2025, destaca que las limitaciones económicas pueden impedir que los veterinarios proporcionen el nivel de atención que consideran ideal y convertirse en una fuente importante de estrés moral.
Por eso debemos aprender a hablar de dinero sin vergüenza.
Un tutor puede no tener capacidad económica para realizar todo el plan diagnóstico.
Eso no significa que debamos abandonar al paciente.
Tampoco significa que el médico deba trabajar gratuitamente.
Significa que debemos explicar las alternativas, beneficios, limitaciones, riesgos y costos.
La medicina veterinaria moderna necesita evolucionar desde:
“Esto es lo que cuesta.”
hacia:
“Estas son las alternativas disponibles, esto es lo que podemos obtener con cada una y estos son sus costos y limitaciones.”
La comunicación financiera también es medicina.
¿CÓMO PREVENIR EL SÍNDROME DEL RECOMENDADO EN UNA CLÍNICA VETERINARIA?
Considero que toda clínica de pequeñas especies debería tener algunas reglas institucionales sencillas.
1. MISMO PROTOCOLO
Todo paciente debe tener historia clínica, identificación, examen físico, diagnóstico diferencial, plan diagnóstico y plan terapéutico según corresponda.
2. MISMO ESTÁNDAR MÉDICO
La condición social del propietario nunca debe determinar la calidad científica de la medicina.
3. UN MÉDICO RESPONSABLE
Cuando existe un caso complejo o un paciente especialmente sensible para la institución, debe existir un profesional responsable que coordine la información y evite órdenes contradictorias.
4. DOCUMENTACIÓN
Lo que se conversa debe quedar registrado cuando tenga relevancia clínica.
WhatsApp no puede convertirse en sustituto de la historia clínica.
5. CONSENTIMIENTO INFORMADO
Ser amigo del propietario no elimina la necesidad de explicar riesgos, beneficios, alternativas y costos.
6. TRANSPARENCIA EN HONORARIOS
Los descuentos deben obedecer a políticas claras y no a presiones personales.
7. PRIORIDAD CLÍNICA
El orden de atención debe determinarse por necesidad médica, especialmente en situaciones de emergencia.
8. SEGUNDA OPINIÓN
Cuando existe una relación personal muy cercana o una fuerte presión externa, solicitar una segunda opinión puede proteger al paciente y al propio profesional.
9. EVITAR LA SOBREMEDICALIZACIÓN
No pedir pruebas simplemente porque “queremos estar seguros”.
La pregunta debe ser:
¿Qué decisión clínica cambiará este examen?
10. NO CONFUNDIR CONFIANZA CON EXCEPCIONALIDAD
Que alguien confíe en nosotros no significa que debamos abandonar nuestros protocolos.
Al contrario.
La confianza debería hacer que respetemos todavía más nuestros protocolos.
EL VERDADERO SIGNIFICADO DE “TRATARLO COMO SI FUERA MI PROPIO ANIMAL”
Existe una frase muy utilizada en medicina veterinaria:
“Yo trataría a su mascota como si fuera la mía.”
Es una frase bonita.
Pero debemos tener cuidado con su interpretación.
Porque tratar a un paciente como si fuera nuestro no significa tomar decisiones desde nuestras emociones.
Significa ofrecerle la misma rigurosidad que exigiríamos para nuestros propios animales:
historia clínica completa;
examen físico;
diagnóstico razonado;
tratamiento justificado;
analgesia adecuada;
monitorización;
seguimiento;
comunicación;
bienestar;
y respeto.
No significa hacer todo.
Significa hacer lo correcto.
CONCLUSIÓN
El “síndrome del recomendado” no debería ser entendido en medicina veterinaria como una enfermedad, sino como una alerta sobre el riesgo de que las relaciones personales interfieran con el juicio profesional.
La literatura médica reciente demuestra que este fenómeno continúa vigente y que puede conducir tanto al exceso como al defecto de atención. Las recomendaciones contemporáneas coinciden en la necesidad de mantener protocolos, límites profesionales, comunicación clara, responsabilidad definida y decisiones sustentadas en criterios clínicos, no en estatus o influencia.
En medicina veterinaria de pequeñas especies, este tema adquiere una dimensión todavía más delicada.
Porque nuestro paciente no puede hablar.
No puede decirnos:
“Doctor, ese examen no lo necesito.”
No puede decirnos:
“Doctor, no me dé ese medicamento.”
No puede decirnos:
“Doctor, atiéndame cuando corresponda.”
No puede defenderse de nuestros sesgos.
Por eso somos nosotros quienes debemos hacerlo.
El verdadero profesionalismo no consiste en tratar mejor al recomendado.
Consiste en no tratar peor al que no lo es.
La excelencia de una clínica veterinaria no debería medirse por cuántos pacientes VIP puede recibir ni por cuántas excepciones puede hacer.
Debería medirse por algo mucho más sencillo y mucho más difícil:
que el paciente que llega recomendado y el paciente que llega por primera vez reciban la misma medicina rigurosa, ética, humana y basada en evidencia.
Porque al final, cuando cerramos la puerta del consultorio, desaparece el amigo, desaparece el contacto, desaparece el apellido y desaparece la recomendación.
Queda solamente un paciente.
Y frente a ese paciente tenemos una responsabilidad.
No con quien lo recomendó.
Con él.
Y esa, desde mi punto de vista, debería ser una de las reglas fundamentales de la medicina veterinaria moderna.
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