PET FRIENDLY: ¿BIENESTAR ANIMAL O NEGOCIO DISFRAZADO? Por Carlos A. Bastidas C.
Hace algún tiempo escribí sobre mi opinión respecto a los llamados lugares “pet friendly”. Hoy, después de observar una vez más lo que ocurre en estos espacios, me ratifico en lo que pienso: no todo lugar que permite la entrada de perros es, por ese simple hecho, un lugar amigable con los perros.
Y aquí quiero hablar como médico veterinario, no como alguien que simplemente “ama a los animales”.
Porque amar a un perro no significa llevarlo a todas partes.
A veces significa precisamente tener el criterio suficiente para dejarlo en casa.
Me resulta sorprendente que hayamos llegado al punto de creer que un perro necesariamente es feliz porque está sentado junto a nosotros en un restaurante, en un centro comercial o en cualquier espacio cerrado lleno de personas, ruido, olores, música, movimiento y otros animales.
¿De verdad alguien se ha preguntado qué siente el perro?
¿O solamente nos hemos preguntado qué sentimos nosotros al tenerlo al lado?
Porque hay una diferencia enorme.
Que el tutor quiera estar acompañado por su perro no significa que el perro quiera estar allí.
Y esa diferencia parece habérsenos olvidado.
He visto perros atados a las patas de las mesas mientras sus propietarios comen. Perros intentando esconderse, jadeando, inquietos, tirando de la correa, ladrando ante otros animales o personas. Animales obligados a permanecer inmóviles durante largos períodos en ambientes que no necesariamente comprenden ni disfrutan.
Y hoy fui testigo de algo todavía más preocupante: una pelea entre perros dentro de un importante centro comercial.
Entonces surge una pregunta incómoda:
¿En qué momento confundimos inclusión con bienestar animal?
Un perro no necesita ir al centro comercial para sentirse amado.
No necesita sentarse en un restaurante para ser feliz.
No necesita acompañarnos absolutamente a todas partes para tener una buena vida.
Necesita que comprendamos sus necesidades como especie.
Y aquí aparece algo que debería ser básico para cualquier persona que tenga un animal de compañía: las cinco libertades del bienestar animal.
Libertad de hambre y sed.
Libertad de incomodidad.
Libertad de dolor, lesiones y enfermedad.
Libertad de miedo y angustia.
Y libertad para expresar un comportamiento natural.
La pregunta es brutalmente sencilla:
¿Todos los establecimientos que se autodenominan “pet friendly” garantizan realmente esas libertades?
Porque permitir la entrada de un perro no equivale a garantizar su bienestar.
Un espacio puede ser “pet friendly” para el negocio y, al mismo tiempo, ser dog-unfriendly para el perro.
Y aquí está el punto que quizá incomode más:
el concepto “pet friendly” también se convirtió en un producto comercial.
Se vende una experiencia. Se vende una imagen. Se vende la idea de que somos mejores tutores porque llevamos a nuestro perro a todas partes.
Pero el bienestar animal no se mide por cuántas fotografías tenemos con nuestra mascota en restaurantes.
Se mide por su estado físico y emocional.
Se mide por su capacidad de descansar, explorar, jugar, alimentarse, relacionarse adecuadamente, evitar el miedo y expresar conductas propias de su especie.
Un perro no es un accesorio de moda.
No es un bolso con patas.
No es un niño disfrazado de perro.
Y tampoco es un ser humano pequeño que necesita participar en todas nuestras actividades sociales.
Es un perro.
Y precisamente porque lo amamos, deberíamos empezar a respetar que tiene necesidades diferentes a las nuestras.
Por supuesto, existen excepciones.
Un perro de asistencia, por ejemplo, tiene una función específica y su acceso a determinados espacios puede ser indispensable. También pueden existir situaciones particulares relacionadas con perros de apoyo emocional, dependiendo del contexto y de la normativa aplicable.
Pero una cosa es que exista una necesidad concreta y otra muy diferente es convertir cualquier salida humana en una obligación para nuestro perro.
No todo perro disfruta de estar rodeado de desconocidos.
No todo perro tolera otros perros.
No todo perro disfruta del ruido.
No todo perro se siente cómodo en lugares cerrados.
Y algunos, sencillamente, estarían mucho mejor durmiendo tranquilamente en casa mientras su tutor sale a comer.
Eso también es tenencia responsable.
Y aquí viene la parte que probablemente genere molestia:
quizá el movimiento “pet friendly” no nació exclusivamente de una necesidad de los animales, sino también de una necesidad de los seres humanos.
La necesidad de no separarnos de nuestras mascotas.
La necesidad de sentir que somos buenos tutores.
La necesidad de mostrar en redes sociales que nuestro perro forma parte de nuestra vida.
Y, por supuesto, la necesidad de muchos negocios de atraer consumidores.
Nada de eso es necesariamente malo.
Lo peligroso aparece cuando la comodidad emocional del humano termina colocándose por encima del bienestar del animal.
Entonces sí, podemos poner un hermoso letrero que diga:
PET FRIENDLY.
Pero la pregunta verdaderamente importante debería ser:
¿DOG WELFARE FRIENDLY?
Porque son cosas completamente diferentes.
Y antes de celebrar que cada vez existan más restaurantes, centros comerciales y establecimientos donde aceptan perros, deberíamos exigir algo mucho más importante:
espacios diseñados pensando primero en el animal y después en el negocio.
Espacios seguros.
Con ventilación adecuada.
Con zonas de descanso.
Con separación entre animales cuando sea necesario.
Con protocolos de higiene.
Con personal capacitado para reconocer señales de miedo, estrés y agresividad.
Con condiciones que permitan al animal retirarse de una interacción.
Y, sobre todo, con tutores capaces de reconocer cuándo su perro no quiere estar allí.
Porque el verdadero amor por un animal no consiste en llevarlo contigo a todas partes.
A veces consiste en mirarlo, interpretar su lenguaje corporal y decir:
“Hoy tú te quedas en casa porque sé que estarás mejor allí.”
Eso no es abandono.
Eso es responsabilidad.
Así que sí, voy a seguir siendo incómodo con este tema.
Porque prefiero incomodar a algunos humanos antes que normalizar el sufrimiento silencioso de un animal que no puede explicarnos con palabras que tiene miedo, que está estresado o que simplemente quiere irse.
No todo lo que es “pet friendly” es bienestar animal.
Y si realmente queremos llamarnos tutores responsables, quizá llegó el momento de dejar de preguntarnos:
“¿Puedo llevar a mi perro?”
y empezar a preguntarnos:
“¿Mi perro realmente estará mejor si lo llevo?”
La respuesta, muchas veces, debería ser:
NO.
Y aceptarlo también es amar.
P.D. odio la inclusión forzada de cualquier tipo!
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