Un veterinario solo puede levantar la voz. Un gremio unido puede cambiar las reglas del juego por Carlos A. Bastidas C.
Un veterinario solo puede levantar la voz. Un gremio unido puede cambiar las reglas del juego por Carlos A. Bastidas C.
Hay una pregunta que, tarde o temprano, todos los médicos veterinarios deberíamos hacernos:
¿Qué estamos haciendo hoy para defender la profesión que elegimos para toda nuestra vida?
Porque ejercer medicina veterinaria no significa únicamente atender pacientes, realizar cirugías, interpretar un laboratorio, hacer una ecografía, prescribir medicamentos o salvar una vida a las tres de la mañana.
Ser médico veterinario también significa pertenecer a una profesión que necesita ser defendida, respetada, escuchada y representada.
Y aquí aparece una realidad que debemos reconocer con honestidad:
Un veterinario aislado puede ser un excelente profesional.
Pero muchos veterinarios unidos pueden convertirse en una fuerza gremial capaz de transformar su realidad.
La profesión no se defiende solamente desde el consultorio
Durante años hemos aprendido a defender a nuestros pacientes.
Defendemos al perro que llega politraumatizado.
Defendemos al gato que necesita una cirugía.
Defendemos al cachorro que lucha contra una enfermedad infecciosa.
Defendemos a nuestros pacientes cuando sus familias tienen miedo, cuando las decisiones son difíciles y cuando cada minuto cuenta.
Pero existe otra defensa que muchas veces dejamos de lado:
la defensa de nuestra propia profesión.
¿Quién defiende al médico veterinario cuando se cuestiona permanentemente el valor de su trabajo?
¿Quién participa cuando se discuten normas que afectan nuestro ejercicio profesional?
¿Quién levanta la voz cuando aparecen personas sin la formación necesaria ofreciendo servicios que pueden poner en riesgo a un paciente?
¿Quién representa al profesional cuando existen conflictos relacionados con el ejercicio de la medicina veterinaria?
¿Quién construye propuestas para mejorar las condiciones del gremio?
Y, sobre todo:
¿quiénes están sentados en la mesa cuando se toman decisiones que afectan a todos?
La respuesta no debería ser solamente “los dirigentes”.
La respuesta deberíamos ser todos nosotros.
Afiliarse no debería ser visto como un trámite
Tal vez uno de los mayores errores que hemos cometido como profesión es pensar que pertenecer a un colegio profesional significa únicamente pagar una cuota, obtener un certificado o cumplir con una formalidad.
No.
Un colegio profesional puede ser mucho más que eso.
Puede convertirse en un espacio de encuentro.
En una plataforma de participación.
En un lugar donde el médico veterinario pueda expresar sus preocupaciones.
En un espacio para debatir.
Para proponer.
Para aprender.
Para construir.
Para organizarse.
Y también, cuando corresponda, para defender legítimamente los intereses profesionales dentro del marco de la ley.
Afiliarse significa dejar de mirar al gremio desde afuera y comenzar a construirlo desde adentro.
Porque es muy fácil decir:
“¿Y el Colegio qué está haciendo?”
La pregunta verdaderamente poderosa sería:
“¿Qué estoy haciendo yo dentro del Colegio para ayudar a cambiar las cosas?”
La unión no significa pensar todos igual
Un gremio fuerte no es aquel donde todos tienen exactamente la misma opinión.
Al contrario.
Un gremio saludable necesita médicos veterinarios con diferentes experiencias, especialidades, generaciones, formas de ejercer y perspectivas.
Necesitamos al clínico.
Al cirujano.
Al especialista.
Al docente.
Al investigador.
Al veterinario de campo.
Al médico veterinario dedicado a animales de compañía.
Al que trabaja con producción.
Al que trabaja con fauna.
Al que recién empieza.
Y también al profesional que lleva décadas ejerciendo.
Todos tenemos algo que aportar.
La verdadera unión no consiste en eliminar nuestras diferencias.
Consiste en aprender a trabajar juntos a pesar de ellas cuando existe un objetivo común: fortalecer la medicina veterinaria y proteger el ejercicio profesional.
Porque cuando estamos solos, nuestras voces se pierden
Imaginemos a un solo veterinario intentando plantear una propuesta ante una institución.
Su voz puede ser escuchada.
Pero ahora imaginemos a cientos de médicos veterinarios organizados, participando, aportando evidencia, elaborando propuestas y presentando una posición gremial.
La dimensión cambia completamente.
No porque el número otorgue automáticamente la razón.
Sino porque la participación organizada permite construir una representación más amplia y legítima de la profesión.
La unión transforma muchas voces individuales en una conversación gremial.
Y eso es precisamente lo que necesitamos.
También necesitamos un espacio seguro para hablar
Hay colegas que tienen ideas.
Hay colegas que tienen propuestas.
Hay colegas que observan problemas.
Hay colegas que quieren aportar.
Pero muchas veces prefieren permanecer en silencio.
¿Por qué?
Porque temen ser juzgados.
Porque sienten que sus opiniones no serán tomadas en cuenta.
Porque piensan que “nada va a cambiar”.
Porque alguna vez intentaron participar y se decepcionaron.
Y aquí tenemos una responsabilidad colectiva:
debemos construir espacios profesionales donde podamos discutir con respeto, presentar criterios diferentes y buscar soluciones sin convertir cada desacuerdo en una confrontación personal.
El Colegio de Médicos Veterinarios de Pichincha puede ser precisamente uno de esos espacios.
Un lugar donde el profesional pueda decir:
“Esto está pasando.”
“Esto me preocupa.”
“Esta es mi propuesta.”
“Necesitamos analizar este tema.”
“Yo puedo aportar desde mi experiencia.”
Y que exista alguien dispuesto a escuchar.
Porque un gremio no se fortalece cuando sus miembros tienen miedo de hablar.
Se fortalece cuando sus miembros sienten que vale la pena participar.
No esperemos que otros construyan el gremio que nosotros mismos necesitamos
Esta quizá sea la parte más incómoda.
Queremos mejores condiciones.
Queremos respeto.
Queremos reconocimiento.
Queremos combatir el ejercicio irresponsable de la profesión.
Queremos que se valore nuestro conocimiento.
Queremos que nuestra voz sea considerada.
Queremos una profesión más sólida.
Pero todo eso requiere participación.
No podemos exigir una organización gremial fuerte mientras permanecemos completamente alejados de ella.
No podemos pedir representación si no participamos.
No podemos reclamar que nadie nos escucha si nunca levantamos la mano.
Y no podemos construir un gremio poderoso esperando que sean siempre los mismos pocos profesionales quienes hagan el trabajo.
La fuerza del gremio comienza con la participación de cada médico veterinario.
Hoy la invitación es para ti
Si eres médico veterinario y ejerces en Pichincha, esta invitación es para ti.
No importa si tienes veinte años de experiencia o acabas de comenzar.
No importa si trabajas en una gran institución o tienes tu propio consultorio.
No importa si eres clínico, especialista, docente, investigador o trabajas en otra área de nuestra profesión.
Tu experiencia tiene valor.
Tu opinión tiene valor.
Tu conocimiento tiene valor.
Y tu participación también tiene valor.
Por eso, vale la pena acercarse al Colegio de Médicos Veterinarios de Pichincha.
Conocerlo.
Preguntar.
Participar.
Proponer.
Y, si encuentras allí un espacio compatible con tus principios y objetivos profesionales, dar el paso de afiliarte.
No solamente por ti.
También por los colegas que vienen detrás.
Porque algún día serán ellos quienes necesitarán que alguien haya defendido la profesión antes.
Pensemos más allá de nosotros mismos
Quizá el verdadero sentido del gremio no esté solamente en lo que puede hacer por nosotros.
Quizá también esté en lo que nosotros podemos hacer por los que vienen después.
Cuando un estudiante de medicina veterinaria se gradúe dentro de algunos años, ¿qué profesión queremos entregarle?
¿Una profesión fragmentada?
¿Una profesión donde cada profesional lucha individualmente?
¿Una profesión donde todos se quejan pero pocos participan?
¿O una profesión organizada, responsable, preparada y capaz de defender su ejercicio con argumentos, conocimiento y unidad?
La respuesta depende, en buena medida, de lo que hagamos hoy.
La historia de una profesión también se escribe con participación
Los gremios no se construyen únicamente en las oficinas de sus dirigentes.
Se construyen en cada reunión.
En cada propuesta.
En cada debate.
En cada colega que decide participar.
En cada profesional que deja de decir “alguien debería hacer algo” y comienza a decir:
“¿Cómo puedo ayudar?”
Ese cambio de mentalidad es enorme.
Porque un gremio no es una institución distante.
El gremio somos nosotros.
Un veterinario puede ser extraordinario. Un gremio unido puede ser extraordinario.
No necesitamos que todos pensemos igual.
Necesitamos algo más importante:
que todos entendamos que solos podemos avanzar, pero juntos podemos construir.
Que entendamos que una cuota no debería verse únicamente como un gasto.
Puede ser una forma de aportar a una estructura que necesita recursos para funcionar.
Que una afiliación no debería ser únicamente un trámite.
Puede ser una declaración de participación.
Que asistir a una reunión no debería ser una pérdida de tiempo.
Puede ser el lugar donde comienza una propuesta que mañana beneficie a cientos de colegas.
Y que expresar nuestra opinión no debería ser motivo de temor.
Debe ser parte de la vida de un gremio profesional maduro.
Por eso, colegas:
No esperemos a que exista una crisis para preguntarnos dónde estaba el gremio.
No esperemos a que alguien más defienda nuestros intereses.
No esperemos a que otros construyan la profesión que nosotros queremos.
Participemos.
Acerquémonos.
Organicémonos.
Aportemos.
Construyamos.
Y si somos médicos veterinarios de Pichincha, consideremos seriamente formar parte del Colegio de Médicos Veterinarios de Pichincha.
Porque la medicina veterinaria no necesita solamente buenos profesionales.
Necesita profesionales unidos.
Y quizá la frase más importante que deberíamos recordar sea esta:
Un veterinario puede levantar la voz.
Cien veterinarios pueden ser escuchados.
Un gremio unido puede sentarse a la mesa y construir soluciones.
La unión hace la fuerza.
La participación hace al gremio.
Y el futuro de nuestra profesión también depende de nosotros.
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